domingo, junio 27, 2010

Néstor Perlongher 1949 - 1992 Argentino












De:
Austria-Hungria
Buenos Aires, 1980


La murga, los polacos

Es una murga, marcha en la noche de Varsovia, hace milagros
con las máscaras, confunde
a un público polaco
Los estudiantes de Cracovia miran desconcertados:
nunca han visto
nada igual en sus libros
No es carnaval, no es sábado
no es una murga, no se marcha, nadie ve
no hay niebla, es una murga
son serpentinas, es papel picado, el éter frío
como la nieve de una calle de una ciudad de una Polonia
que no es
que no es
lo que no es decir que no haya sido, o aún
que ya no sea, o incluso no esté siendo en este instante
Varsovia con sus murgas, sus disfraces
sus arquelines y osos carolina
con su célebre paz - hablamos de la misma
la que reina
recostada en el Vístula
el proceloso río donde cae
la murga con sus pitos, sus colores, sus chachachás carnosos
produciendo en las aguas erizadas un ruido a salpicón
que nadie atiende
puesto que no hay tal murga, y aunque hubiérala
no estaría en Varsovia, y eso todos
los polacos lo saben


El Lugar

Y si la plebe se alza, si los bufones andan solemnes como gatos,
si los bardos se liman las narices, los bordes de las uñas,
las pestañas, y no escriben pavadas; y si las trapecistas
se toman tan en serio su papel que ya no mueren
en cada salto ya no mueren
caen muy de pie, prolijas, sobre un rectángulo de papel glacé
y el domador las reverencia
y apenas la ècuyère se hace penetrar por los caballos, cada vez
con menor dificultad, con más ungüento
y su aliento de chanchos y magnolias ya no lleva a los dedos
(encremados)
a ese lugar abandonado y sucio donde las telarañas papan
liendres
Mas, si cae una piedra, un monolito, y esa laceración retrasa
el paso del carro del olvido, y por más que ningún trepador
quiera ya uncirla, si al menos se la odia
se pasa por su casa, o por las ruinas de lo que fue su casa,
y se arrojan monedas, o estampillas rasgadas con la imagen
de un héroe aborrecido
y no se la saluda en el mercado, pero sí se comentan los
arañazos de los cuervos, y se grazna
y ella escucha el graznido, y ya no se confunde con un ruego,
y sin embargo acude, como novia de luto
a la manera de un museo, tal vez, se la restaura

De todos modos, si
se reparan las picaduras de viruela y se llenan sus tripas
y se le hace imitar su propia voz
y se le ponen cerca ramilletes de conchas, y se la entrega a un
amo, o a un esclavo, y se deja correr el pus por su cabeza,
y encima se la aplaude, o se la pisa
y vienen las amigas y zurcen en su torno las medias e hilan
cuentas

pudiera ella rodar, quizás, trastabillando, sin esa turbulencia
mas acaso con la misma torpeza de anteayer, su aullido
de coyote acorralado, su desmelenamiento
pudiese retomar las graderías donde antaño medró, sacar brillo
a sus grillos y, halando en las mazmorras, se pudiera
escuchar su aspiración de hembra desordenada, obesa
un zumbido de ratas sobre el papel de armar
rearmando su cogollo
y colocada al menos una hez en el lugar del padre
o un amante en el lugar de la hez
o algunos viejos en la chata donde se lavan los pendejos
O una mancha, en ese lugar, un mantelcito
o un decorado de torta de crema y un teatro de títeres
un número
o si se dejara así, nomás, a la intemperie
pero hubiera un tablado y abanicos y se tomara té
y no se hablara de eso, por precaución
o se lo susurrase, con recelo
diciendo que está ahí, que está al caer,
que ya está por venir, que se hizo tarde
y aunque hubiera pierrots y colombinas, cantaridina, ajenjo
en medio de esa fiesta de glorietas, no sé, de invernaderos
es evidente que ella no estaría, ahí, en ese lugar, que no
habría nadie, que nadie sabe nada, que no existe

miércoles, abril 14, 2010

Emilio Adolfo Westphalen


"Se sabe que un poema es un objeto hecho de palabras y dotado de determinada carga afectiva (de intensidad variable). Dada la diversa constitución de las personas -es dudoso que las reacciones sean similares o aproximadas-".
emilio adolfo westphalen


De:
Las ínsulas extrañas
Lima, 1933


Andando el tiempo...

Andando el tiempo
Los pies crecen y maduran
Andando el tiempo
Los hombres se miran en los espejos
Y no se ven
Andando el tiempo
Zapatos de cabritilla
Corriendo el tiempo
Zapatos de atleta
Cojeando el tiempo
Con errar de cada instante y no regresar
Alzando el dedo
Señalando
Apresurando
Es el tiempo y no tiene tiempo
No tengo tiempo
Mostrar la libreta
Todo en orden
Por aquí a la aventura silencio cerrado
Por allá a la descompuesta inmóvil móvil
Ya llega y tarda
Y se olvida
Por acá con boca falsa y palabras de otra hora
El pañuelo nuevo y pronto
Para el adiós
Adiós y no ha llegado
Ésta es la señal
El tiempo
Casi no es niño
Pero flor no es
Casi
Cuando está sobre un árbol
Se divisa el paisaje la estrella
Los zapatos
Osamentas de pescado
Y el ojo llena el horizonte
El tiempo
Aunque cojee y se hiera y se lamente
Prohibido
No te hagas tan silencio
La nube sabe de otro lugar
Son las escaleras que bajan
Porque nadie sube
Porque nadie muerde la nuca
Sino las flores
O los pies llagados
Andando y sangre de tiempo
Gotas la lluvia el torrente
La mano llega
Este es su destino
Llegar el tiempo
Se devuelve y usted sabe más
Estaba junto al silencio
Estaba con ojos pequeños
La mano a lo desierto
El pie a lo ignorado
Indudable
Los huesos prestados podían ser míos
Si un leve signo no dijera
Y no decía
Alzada levantada
Me doy a tu más leve giro
Al amor de las pestañas
A lo no dicho
Vértigo
Te temía sin noche y sin día
Aunque no regreses
Por la marcha de mis huesos a una otra noche
Por el silencio que se cae
O tu sexo


Solía mirar el carrillón

Solía mirar el carrillón que llega con toda ave
Así estaba más muerta
Por sus ojos desbocaban los ríos las aves
La urgencia la despedida
Te encontraba blanca sin huesos
No me traigas esta desesperanza
Del camino a la lenta
Sin sobresaltos
En los cabellos se apagaba la última alba
Tras el muro del alba
Muerta así las líneas el ave
Lo que llama responde con otra voz
Primero es el desaliento
El amor no reconoce
Este aliento este cuerpo este valle
Miedo rojo tibio la fogata
Los ojos aumentan y beben
Tan lejos se llega
La fogata por narices boca ojos
Hasta
Contemplando el largo camino que vuelve del amor
Tiene lindos bigotes
Bigotes con diminutas patitas caminan este valle
Cuatro casas y una puerta para la estatura o
El amor dormir la planicie que bosteza
En el valle los ríos el sol que estrena levita
Puños de celuloide gemelos con una gota de sangre
en cada silencio
En el silencio estaba más niña
Lloraba y nacía al sexo con cada flor
Los insectos conocen bien en cuál boca es más dulce
el dolor
Si se va y los ojos llegan primero
Tal vez entonces haya que negar y perderse
Bajo una sombra o una niña
Bajo la llama la gota de sangre el ave
La noche es más lenta
Se empina
Por te ver si yo
Aunque estás muerta
Oyes
El amor nunca llega sino ahora
Las manos gobiernan las estaciones
La primavera es la boca el seno la muerta el ave
Porque se cierra y nace
Nace flor boca seno ave

De:
Abolición de la muerte

Lima, 1935


Sirgadora de las nubes...

Sirgadora de las nubes arrastradas de tus cabellos
En el silencio alzado de dos mares paralelos
Y cada limbo forjado con tus nuevas miradas
Y cada esperanza libre de revolver
Ciénagas y zarzales para hallar las perlas
Cubiertas de siete palmas admirables de losanjes
Otra cosa de no decirte arriesgada entre los azares
Recogidos los temores renacidas las esperanzas
Desplegadas las sonrisas desenvueltos los caireles
Florecidos los dientes las lágrimas tintineantes
Entre un crujir de fuego contra música de niña
contra sueño
Chirriantes las alegrías niña de verte y niña
Entrechocando platillos suaves como manos
Trompetas de óyeme que no respondo
Bajo sombras de aves y cielos dorados
Y lágrimas crecidas de llevar en su globo
Los amores acordes de inaudibles alegrías
Según un creciente rumor de olas de trapo
Entre pétalos grandes más que la estatura humana
Y abejas libando en nuestros labios
Así para no comprender un telón entre cada beso
Agotados los mármoles para las palomas de la gracia
Unos cipreses algo destinados al otro cielo
Dando vueltas sin cansancio sin dejar caer la copa
Un surtidor abanicado de brillantes
Unos trompos rasgados mostrando las maneras
de sus corazones
Una seda hilada de la miel de tus labios
Unas aves extraviándose en tu cabellera
Soporte del frío tu frente completo cristal
Y una nube tendida junto al silencio tembloroso
Cadencia tras cadencia de párpados cerrados
tras párpados
En las barcas balanceadas unas manos solitarias
Despejadas las auras con aliento de los ríos
Y otras manos líquidas para a tientas encontrarse
Y algo como cabezas rodando por las escaleras
Y algo como frutos subidos de círculo en círculo
A los goces los arcoiris las brisas traspasando
nuestras frentes
Con cuidado cediendo palabras y lenvantando ríos
Había tantos nidos de dulzura y silencio entre
nuestras bocas
Entre nuestras manos tanto afán de arraigarse en una
Se veía en tus ojos mejor el mundo
Más grande y más pesado de lirios
Tendida como un sueño o una nube
Las ostras prendidas de las paredes de tu sueño
Las perlas cayendo de tus manos como palabras
Así te veo siempre abandonada en un litoral de risas
Entre escarpas bañadas de nuestras monedas
vacilantes
Más frágil niña más frágil que tu retrato en el agua
O que tú misma remontada a las nubes
O que tú misma tendida en mis ojos
Las perlas del amor contadas por tus manos
crecían como palabras
O flores de tu árbol de risa
O silencios de tus manos cargadas de un mundo pesado de lirios


Marismas llenas de corales...

Marismas llenas de corales enroscándose a tu cuello
Y los mares hundidos hasta verse tras los ojos
En lo más profundo de tu atisbar sorprendida
Cuando la ternura más clara enhebrándose en silencio
Ajustando pequeños siglos a tu gracia sonriente de plata
Formaba de pétalos cristalinos la alta rosa
Con agua recogida de orvallos y relentes el invencible esplendor
Aunque no bastaba la rosa para cubrir el sueño
Y siempre emergías de la alta marea
Marcada de algas y besos y bocas de pescado
Soñadora de verde para el río arrollado a tus pies
O una linda estatua caminando las islas
Llevando la guirnalda de estrella a estrella
Diría que perdí la huella si a cualquier parte
No me alcanzara o en el mar o en el cielo tu sombra
Y si de tanto estar en pie no me quedara
La gloria de saber esperarte con cada ritmo de reloj
En cada oleada de nueva vida palpitando contra el peñasco
Sin dar atención a la luna que se cae más de prisa
La niña recogiendo sus lágrimas como un manantial
A sí mismo devorándose un desierto surgiendo de otro desierto
Otra vez han batido palmas las grandes olas
Tu recuerdo está tan presente que es tu presencia
Para nada más que decir aquí empieza otra historia
Para nada más que ser fiel a su onda a su eco
Que decir era la niña que trajo el mar en su cántaro
Que decir era la niña que vació una noche en mi sueño
Y así formar la cadena que une esplendor y desdicha
Los días que nunca vuelven y el sol que siempre queda
De pie imperturbable mirando el futuro
Sin dar un paso más porque la hora ha llegado
De tu mano baja el paraíso con los cuatro estíos
Ladrando a los costados siguiendo al mar que va delante
Y tú tendida en su gran concha
Y tú tejiendo la nueva historia
Las gloriosas empresas el cielo batido de alas
Cuando tus manos alcanzaron mis manos
Cerróse un horizonte para abrir dos cielos
Y emergió junto al delfín la ostra alada


He dejado descansar...

He dejado descansar tristemente mi cabeza
En esta sombra que cae del ruido de tus pasos
Vuelta a la otra margen
Grandiosa como la noche para negarte
He dejado mis albas y los árboles arraigados en mi garganta
He dejado hasta la estrella que corría entre mis huesos
He abandonado mi cuerpo
Como el naufragio abandona las barcas
O como la memoria al bajar las mareas
Algunos ojos extraños sobre las playas
He abandonado mi cuerpo
Como un guante para dejar la mano libre
Si hay que estrellar la gozosa pulpa de una estrella
No me oyes más leve que las hojas
Porque me he librado de todas las ramas
Y ni el aire me encadena
Ni las aguas pueden contra mi sino
No me oyes venir más fuerte que la noche
Y las puertas que no resisten a mi soplo
Y las ciudades que callan para que no las aperciba
Y el bosque que se abre como una mañana
Que quiere estrechar el mundo entre sus brazos
Bella ave que has de caer en el paraíso
Ya los telones han caído sobre tu huida
Ya mis brazos han cerrado las murallas
Y las ramas inclinado para impedirte el paso
Corza frágil teme la tierra
Teme el ruido de tus pasos sobre mi pecho
Ya los cercos están enlazados
Ya tu farente ha de caer bajo el peso de mi ansia
Ya tus ojos han de cerrarse sobre los míos
Y tu dulzura brotarte como cuernos nuevos
Y tu bondad extenderse como la sombra que me rodea
Mi cabeza he dejado rodar
Mi corazón he dejado caer
Ya nada me queda para estar más seguro de alcanzarte
Porque llevas prisa y tiemblas como la noche
La otra margen acaso no he de alcanzar
Ya que no tengo manos que se cojan
De lo que está acordado para el perecimiento
Ni pies que pesen sobre tanto olvido
De huesos muertos y flores muertas
La otra margen acaso he de alcanzar
Si ya hemos leído la última hoja
Y la música ha empezado a trenzar la luz en que has de caer
Y los ríos te cierran el camino
Y las flores te llaman con mi voz
Rosa grande ya es hora de detenerte
El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
Las salidas están guardadas
Rosa grande ¿no has de caer?


De:
Belleza de una espada
clavada en la lengua
Lima, 1986


César Moro

Por un campo de miga de pan se alarga desmesuradamente una manecilla de reloj
Alternativamente se iluminan o se apagan en ella unos ojos de cangrejo o serpiente
Al contraluz emerge una humareda de pestañas caladas
Y dispuestas como una torre que simulara una mujer al desvestirse
Otros animales más familiares como el hipopótamo o el elefante
Hallan su camino entre el hueso y la carne
Una red de ojos de medusa impide el tránsito
Por el arenal que se extiende como una mano abandonada
A cada paso una bola de marfil dice si el aire es verde o negro
Si los ojos pesan iguales en una balanza cruzada de cabellos
Y encerrada en un acuario instalada en lo alto de una montaña
Rebalsando a veces y arrojando a veces como una catapulta
Cadáveres rosados o negros o verdes de niños a los ocho extremos
Cadáveres pintados según las cebras o los leopardos
Y que al caer se abren tan hermosamente como una caja de basura
Extendida en medio de un patio de mármol rosado
Atrae a los alacrqanes y a las serpientes de aire
Que zumban como un remolino dedicado al amor

Aparte un hombre de metal llora de cara a una pared
Visible únicamente al estallar cada lágrima


El grito...

El grito de las aves gira como una espada


La voz es una corza...

La voz es una corza sobre una hoja de sal
O un avión husmeando por los chanchos


Preámbulo a revilla

La contradanza macabra se inmoviliza un instante
La realidad misma se ha rasgado los velos
Muestra una inmensa herida viva sin sutura
Vano embate de la sangre inocente
Las membranas invisibles no ceden
Remota o cercana imploración contra natura
Destemplada fiereza de terremoto detenido
Fuga fallida en el laberinto de la luz
Rueda atascada en el grito
Réplica oculta del sueño repelido
Encarnación definitiva en la vorágine y el descuartizamiento
En lo voraz cotidiano
Por siempre tiernamente implacable


El mar en la ciudad

¿Es éste el mar que se arrastra por los campos,
Que rodea los muros y las torres,
Que levanta manos como olas
Para avistar de lejos su presa o su diosa?

¿Es éste el mar que tímida, amorosamente
Se pierde por callejas y plazuchas,
Que invade jardines y lame pies
Y labios de estatuas rotas, caídas?

No se oye otro rumor que el borbotón
Del agua deslizándose por sótanos
Y alcantarillas, llevando levemente
En peso hojas, pétalos, insectos.

¿Qué busca el mar en la ciudad desierta,
Abandonada aún por gatos y perros,
Acalladas todas sus fuentes,
Mudos los tenues campanarios?

La ronda inagotable prosigue,
El mar enarca el lomo y repite
Su canción, emisario de la vida
Devorando todo lo muerto y putrefacto.

El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes,
Recomienza el trabajo viejo:
Limpiar los estragos del mundo,
Cubrirlo todo con una rosa dura y viva.


Poema inútil

Empeño manco este esforzarse en juntar palabras
Que no se parecen ni a la cascada ni al remanso,
Que menos transmiten el ajetreo del vivir.

Tal vez consiguen una máscara informe,
Sonriente complacida a todo hálito de dolor,
Inerte al desgarramiento de la pasión.

Con frases en tropel no llegan a simular
Victorias jubilosas de la sangre
O la quietud del agua sobre el suicida.

Nada dicen tampoco de la danza de amor y odio,
Alborotada, aplacada, extinta,
Ni del sueño que se ahoga, arrastrando
Por marejadas de sospecha y olvido.

Qué será el poema sino un espejo de feria,
Un espejismo lunar, una cáscara desmenuzable,
La torre falsa más triste y despreciable.

Se consume en el fuego de su impaciencia
Para dejar vestigios de silencio como única nostalgia,
Y un rubor de inexistente no exento de culpa.

Qué será el poema sino castillo derrumbado antes de erigido,
Inocua obra de escribano o poetastro diligente,
Una sombra que no se atreve a aniquilarse a sí misma.


Riqueza

No poseer sino
Unos cuantos recuerdos:
Todo lo que uno
Puede llevarse
Cuando muere.


De:
Cuál es la risa
Barcelona, 1988


..........

Un hombre se inclina sobre el cuerpo desnudo de una mujer
Y lentamente extiende con la lengua sobre él
Un líquido rosado
El cuerpo queda todo húmedo brillante y encendido
Luego con los dientes hace aquí y allá
El signo del amor
Pequeños puntos blancos que adornan la piel oscura
La mujer cierra los ojos dilata las narices
A veces a pesar suyo un suspiro entreabre sus labios.

..........


Se mece suavemente al viento
La mujer que ha brotado blanca y desnuda
En la copa del ciprés
Con una pequeña corona de oro sobre la cabeza
Y encima de la corona un ojo de piedra verde
Que mira fijamente.

..........


El sueño

Los gérmenes poéticos del sueño resultaron ser, no como los pobres profesores, los mezquinos críticos realistas trataron de hacernos creer, un nuevo paraíso inalcanzable, un espejismo, sino los gérmenes nocivos y actuantes, los útiles reactivos para corroer la infame realidad. El sueño no es un refugio sino un arma.
Los malos instintos de libertad danzan su ronda diabólica. ¡Fuera la conformidad, la resignación, la medianía! En su esputo negro ahóguense los bellacos, los explotadores, los que aprovechan la miseria de los más, y la maldita clerigalla, y el abominable espiritu religioso, y los fantasmas cristianos, y los mitos del capital, y la familia burguesa, y la patria infamante.
La libertad del hombre, es decir, el sueño acuñado en la realidad, la poesía hablando por la boca de todos y realizándose, concreta y palpable, en los actos de todos.


Emilio Adolfo Westphalen, nació en Lima, Perú, el 15 de julio de 1911. A los 17 años inicia estudios de Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y los termina en el año de 1932. Su primer poema publicado aparece en la prestigiosa revista Amauta, en el número 24 de junio de 1929: poema titulado Itinerario del caracol.
En 1933 publica en Lima Las ínsulas extrañas, y al año siguiente conoce al poeta César Moro e inicia con él una fructífera colaboración literaria.
Fallece en Lima el 18 de agosto del año 2001.

lunes, marzo 09, 2009

Ramón Plaza

Ramón Plaza (1937 - 1991)

Apuntes para un resumen de vida



Del agua y del vaso

El agua tiene la forma del vaso.
El río se definiría si dijéramos: es agua de agua.
La lluvia: su vestidura grata.
Así podríamos seguir y siempre encontraríamos
una definición nueva.
Quizá el agua sea el éxtasis de Dios,
su forma extendida y sabia.
Pero el vaso y el agua
encierran el misterio de la sed.
Yo he bebido en la boca de los ríos
esperando que huyan los caballos.
Y el agua tiene hasta gustos azulados,
terrestres y continuos.
El agua y el vaso, en cambio,
devotamente unidos
son el testimonio pleno de la boca.
Unidos son la claridad que se desgaja,
un fruto terco que mirando a trasluz
no tiene diferencia.
No hay más voluntad que el esfuerzo hacia la boca,
no hay luz más encendida,
más perfecta,
que un vaso de agua
pleno y bello en medio de la mano.


De las estaciones ferroviarias

La espera las define para siempre.

En el medio de la pampa son islas secas
y en la noche su luz recuerda una fogata.

Las estaciones viven presas de los rieles.
Viven atrapadas por humos viajeros que se marchan.

La plenitud estalla cuando un tren huye al horizonte.
Entonces sostiene y despide a los que abandonan su fragancia.

La espera las define para siempre.
Las estaciones buscan un momento en medio de la noche
para hablar largamente con los trenes.

Decir su nombre y esperar,
esperar que el tren
se marche y se lo lleve.


Noticias sobre la heroica muerte de Sir Henry Morgan

Violó, robó, mató, saqueó,
murió de amorosa sífilis.
El Caballero de Jamaica,
el matador de los mares.
El que jugaba con las joyas
le gustaban todas las cosas
rumbosas de la vida.
¡Oh los senos!
Los senos de las muchachas de Portobelo / seno.
¡Oh la rica sífilis
bailando en Panamá!
Murió, murió, está muerto,
el que entraba desnudo a las aguas del Caribe.
¿Quién tomará su espada horrenda?
¿Quién mandará a pedir otra vuelta de ron?
¿Quién mordera ahora las suaves orejas de la noche?
Muerte, muerte, muerte,
de sífilis atroz,
y parálisis general progresiva.
Murió el Caballero de Jamaica.
El inventor del Banco de Inglaterra,
el dueño de los Siete Mares.
¡Oh, la sífilis eterna del capitalismo!
Saqueó Portobelo, saqueó Panamá, saqueó Maracaibo,
bebió la sangre de los muertos
y una andaluza loca venéreamente bella lo mató,
mientras sus senos
brillaban como gemas. Brillaban como la pestilente sífilis.
¡Loas!
¡Loas!
Al capitalismo
¡Loas!
¡A la Parálisis General Progresiva!

jueves, agosto 28, 2008

Jorge Teillier - Chile (1935 - 1996)



Sentados frente al fuego


Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos:
-Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino-.
Ella mira el fuego que envejece.


Un desconocido silba en el bosque

Un desconocido silba en el bosque.
Los patios se llenan de niebla.
El padre lee un cuento de hadas
y el hermano muerto escucha tras la puerta.

Se apaga en la ventana
la bujía que nos señalaba el camino.
No hallábamos la hora de volver a casa,
pero nos detenemos sin saber donde ir
cuando un desconocido silba en el bosque.

Detrás de nuestros párpados surge el invierno
trayendo una nieve que no es de este mundo
y que borra nuestras huellas y las huellas del sol
cuando un desconocido silba en el bosque.

Debíamos decir que ya no nos esperen,
pero hemos cambiado de lenguaje
y nadie podrá comprender a los que oímos
a un desconocido silbar en el bosque.


Fin del mundo

El día del fin del mundo
será limpio y ordenado
como el cuaderno del mejor alumno.
El borracho del pueblo
dormirá en una zanja,
el tren expreso pasará
sin detenerse en la estación,
y la banda del Regimiento
ensayará infinitamente
la marcha que toca hace veinte años en la plaza.
Sólo que algunos niños
dejarán sus volantines enredados
en los alambres telefónicos,
para volver llorando a sus casas
sin saber qué decir a sus madres
y yo grabaré mis iniciales
en la corteza de un tilo
pensando que eso no sirve de nada.

Los evangélicos saldrán a las esquinas
a cantar sus himnos de costumbre.
La anciana loca paseará con su quitasol.
Y yo diré: "El mundo no puede terminar
porque las palomas y los gorriones
siguen peleando por la avena en el patio".


Alegría

Centellean los rieles
pero nadie piensa en viajar.
De la sidrería viene olor
a manzanas recién molidas.
Sabemos que nunca estaremos solos
mientras haya un puñado de tierra fresca.

La llovizna es una oveja compasiva
lamiendo las heridas
hechas por el viento de invierno.
La sangre de las manzanas
ilumina la sidrería.

Desaparece la linterna roja
del último carro del tren.
Los vagabundos duermen
a la sombra de los tilos.
A nosotros nos basta mirar
un puñado de tierra en nuestras manos.

Es bueno beber un vaso de cerveza
para prolongar la tarde.
Recordar el centelleo de los rieles.
Recordar la tristeza
dormida como una vieja sirvienta
en un rincón de la casa.
Contarles a los amigos desaparecidos
que afuera llueve en voz baja
y tener en las manos
un puñado de tierra fresca.


La ventana abierta

Todas las nubes
me anunciaban que tú llegarías
cuando despertaba para volverme
hacia la ventana secreta de los sueños.
Pero tú debías extraviarte:
los pájaros se comían las migas
que sembraba para señalarte el camino.

Alguien vestido siempre de negro te vigilaba
y quería transformarte en otra
para que yo no te reconociera.
Hasta que de pronto nos encontramos
y la realidad hecha pompas de jabón
voló de retorno al país de la pureza.


XV

Ninguna ciudad es más grande que mis sueños.
Volveré al invierno del sur
cuando las raíces blanqueadas por la lluvia
muestren la calavera del tiempo
bajo el sorpresivo vuelo de carbón y nieve
de queltehues que no se cansan de pedir agua.

Pasado el Puente del Malleco
mi amigo me invita a comer de sus provisiones.

Hablamos con nuestros compañeros de banco:
un militar jubilado y un campesino de manta de Castilla.
Nos invitan a tomar pipeño.
Nos desafían a jugar brisca.
El tren se detiene.
Trazo un círculo en la ventanilla
borrando el aliento de la noche:
No hay estrellas.
Sólo un pobre nido de luces sobre una estación.
Alguien despierta y mira como si nunca hubiese viajado.
Atravieso el Bío-Bío y avanzan pueblos terrosos
que no me doy el trabajo de mirar.
Entrego mi pasaje al conductor.
Los vagones forman un largo cortejo.
En la madrugada entumecida de Chillán tomamos
café con aguardiente.
El sol del alba nos levanta los párpados cerca de Rancagua
(allí vimos una vez predicar al Cristo de Elqui).
El mismo ciego de la infancia sigue tocando su guitarra.
Se llega a la Estación Central perdido entre el gentío.
La ramazón de fierro retiene el eco de nuestros pasos
para mascullar oscuras canciones.
Vagaré por las calles y sin querer me detendré frente
a una bodega.
Hay un libre olor a tierra tras la lluvia,
vuelvo al patio donde saludo la nubecilla enviada
por la última locomotora a vapor.


Cuando todos se vayan

A Eduardo Molina Ventura

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.

Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.

Como una araña recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.


Pequeña confesión

En memoria de Serguéi Esenin

Sí, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca debiera haber dejado
El país de techos de zinc y cercos de madera.

En medio del camino de la vida
Vago por las afueras del pueblo
Y ni siquiera aquí se oyen las carretas
Cuya música he amado desde niño.

Desperté con ganas de hacer un testamento
-ese deseo que le viene a todo el mundo-
Pero preferí mirar una pistola
La única amiga que no nos abandona.

Todo lo que se diga de mí es verdadero
Y la verdad es que no me importa mucho.
Me importa soñar con caminos de barro
Y gastar mis codos en todos los mesones.

"Es mejor morir de vino que de tedio"
Sin pensar que pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano
cuando se gastan los codos en todos los mesones.

Tal vez nunca debí salir del pueblo
Donde cualquiera puede ser mi amigo.
Donde crecen mis iniciales grabadas
En el árbol de la tumba de mi hermana.

El aire de la mañana es siempre nuevo
Y lo saludo como a un viejo conocido,
Pero aunque sea un boxeador golpeado
Voy a dar mis últimas peleas.

Y con el orgullo de siempre
Digo que las amadas pueden ir de mano en mano
Pues siempre fue mío el primer vino que ofrecieron
Y yo gasto mis codos en todos los mesones.

Como de costumbre volveré a la ciudad
Escuchando un perdido rechinar de carretas
Y soñaré techos de zinc y cercos de madera
Mientras gasto mis codos en todos los mesones.


Epitafio

Aquí yace con mi infancia Samuel Donoso
cuyo nombre fue escrito por el vino.
Fue un rondador de tabernas
hasta que al final cayó en las cunetas.
Sus últimos deseos fueron
leer "Las aventuras de las 12 sillas" y comer naranjas.
Tú, que lo conociste, si lees estas líneas,
ve a beber en su nombre y como quien lanza
"un trompo de siete colores en el patio de la escuela"
una copa a " Los Pisos Blancos" o a "El Amigo
de Todas las Naciones"
y trata de preguntarte por qué alguien como él
eligió pasar por la República
"sin reloj ni palabra de honor a bordo de una nube".


Botella al mar

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo
te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni
para los iniciados. Es para la niña que nadie
saca a bailar, es para los hermanos que
afrontan la borrachera y a quienes desdeñan
los que se creen santos, profetas o poderosos.


Un hombre solo en una casa sola

Un hombre solo en una casa sola
No tiene deseos de encender el fuego
No tiene deseos de dormir o estar despierto
Un hombre solo en una casa enferma.

No tiene deseos de encender el fuego
Y no quiere oír más la palabra Futuro
El vaso de vino se ha marchitado como un magnolio
Y a él no le importa estar dormido o despierto.

La escarcha ha empañado las ventanas
Pero a él sólo le importa mirar la apagada chimenea
Sólo le gustaría tener una copa que le contará
una vieja historia

A ese hombre solo en una casa sola.

Una historia como las que oía en su casa natal
Historias que no recuerda como no recuerda que
aún está vivo
Ve sólo una copa vacía y una magnolía marchita
Un hombre solo en una casa enferma.


Imitando a un poeta de principios de siglo

He recorrido tan pocos caminos
y he cometido tantos errores.
Risible vida, risibles contradicciones,
así fue y así será siempre.

Me entristece mirarte. Otros labios
desgastaron el calor y el latido de tu cuerpo.
Qué importa. Qué importa que caigan sin sentido
tantas lloviznas muertas.

No las temo. No temo
el moho ni la podredumbre amarillenta
No nací para una vida dulce y una sonrisa.

El patio de la casa está sembrado
de los cerezos color de osamenta.
Sí, elegí el invierno
y el marchitarse sin ruido
no debe entristecer a nadie.

viernes, agosto 17, 2007

Antonio Cisneros (Lima, 1942)




















Lucy Westenra se mira al espejo

Acerca el candelabro principal.
Mira qué bella me he puesto para ti.

Mira esta piel, señora, firme y fresca
como la superficie de un estanque.

Un año entero sin probar
adobos o pasteles. Cinco estaciones
sin un grano de sal.

Mírame. Así no desearás nada distinto
a mi cuerpo o mi sombra.
Ni siquiera en las noches de verano.

Cierra los ojos. Imagíname ahora
saliendo de la espuma como Venus.

(Salta un salmón)

Mejor abre los ojos otra vez
y búscame en el fondo del espejo.

Más allá de mi cuerpo sin asomo de grasa.
Más allá de los prados azules

donde tus alaridos me despiertan
cuando duermo y te sueño.

jueves, abril 05, 2007

Derek Walcott (Santa Lucia - Antillas)
















El Reino del Caimito

1. Adiós, carenaje

En el ocioso agosto, cuando el mar se apacigua
y hojas de islas morenas se adhieren a la orilla
de este Caribe, apago la vela
junto al rostro sin sueños de María Concepción
para engancharme como marino en la goleta El Vuelo.
En el patio agrisado por el alba,
permanecí como una piedra y nada más se movía
salvo un mar glacial que ondeaba galvanizado
y las claveras de las estrellas en la bóveda celeste,
hasta que un viento comenzó a inmiscuirse con los árboles.
Pasé junto a mi hosca vecina que barría el patio
cuando bajaba la colina, y entonces casi dije:
"Barra pasito, bruja, porque ella tiene el sueño ligero",
pero la perra miró a través de mí como si estuviera muerto.
Un taxi se detuvo, las luces de parqueo encendidas.
El chofer levantó mi equipaje con una sonrisa sarcástica:
"¡Esta vez, Shabine, como que te vas de verdad!"
No le respondí al imbécil, simplemente me arrellané
en el asiento de atrás y miré al cielo incendiarse
sobre Laventille, rosado como la camisa en la que dormía
la mujer que abandonaba
y miré el espejo retrovisor y vi a un hombre
exacto a mí, y el hombre lloraba
por las casas, las calles, por toda esa isla de mierda.

¡Que Cristo se apiade de todo lo que duerme!
Desde ese perro que se pudre en Wrightson Road
hasta yo mismo cuando era un perro en estas calles;
si amar estas islas ha de ser mi cruz,
de la podredumbre de mi alma remontará el vuelo;
pero habían empezado a envenenar mi alma
con su casa grande, su carro grande, su gran jolgorio,
culi, negro, sirio y criollo francés,
así que se las dejo a ellos y a su carnaval;
yo voy a tomar un baño de mar, me voy por el camino.
Conozco estas islas, de Monos a Nassau,
un marino de cabeza oxidada y ojos verde mar
que ellos apodan Shabine, jerga para
cualquier negro pelirrojo, y yo, Shabine, vi
cuando estas barriadas de imperio eran el paraíso.
No soy más que un negro pelirrojo enamorado del mar,
recibí una sólida educación colonial,
de holandés, de negro y de inglés hay en mí,
de modo que o no soy nadie o soy una nación.
Pero María Concepción era todo mi pensamiento
al observar el mar levantarse y caer
mientras el lado de babor de los botes pesqueros, yates y goletas,
era pintado otra vez por las pinceladas del sol
que escribía su nombre con cada reflejo;
supe, cuando el atardecer de negra cabellera se puso
sus sedas brillantes al ocaso y, doblando el mar,
se escurrió bajo las sábanas con su risa estrellada,
que no habría reposo, que no habría olvido.
Es como contarles a los dolientes alrededor de la tumba
sobre la resurrección, ellos quieren al muerto de vuelta,
entonces sonreí para mí cuando soltaron amarras
y El Vuelo giró rumbo al mar: "De nada sirve repetir
que el mar tiene más peces. A ella no la quiero ataviada
con la asexuada luz de un serafín,
quiero esos redondos ojos castaños como un tití, y
hasta el día en que pueda recostarme y reír,
esas uñas que cosquilleaban mi espalda en las tardes
sudorosas de domingo, como un cangrejo en la arena mojada."
Mientras trabajaba, observando las deleznables olas
pasar la proa que tijeretea el mar como seda,
juro a todos ustedes, por la leche de mi madre,
por las estrellas que han de huir del hornillo de esta noche,
que los amé, a mis hijos, mi esposa, mi hogar;
los amé como los poetas aman la poesía
que los mata, como los marinos ahogados el mar.

¿Alguna vez al mirar desde una playa desierta
han visto una goleta lejana? Bueno, cuando escriba
este poema, cada verso estará empapado en sal;
voy a anudar cada línea tan fuerte
como las cuerdas de este aparejo; para decirlo claramente,
mi lenguaje ordinario será el viento,
mis páginas las velas de la goleta El Vuelo.
Pero déjenme que les cuente cómo empezó este asunto.

4 - El Vuelo pasa por Blanchisseuse

El atardecer El Vuelo pasa por Blanchisseuse.
Como balas de cañón las gaviotas trazan otra curva en el aire,
y es ámbar la espuma que fue blanca,
el faro y la estrella traban amistad,
en cada playa el largo día termina
y allí, en ese último pedazo de arena,
en una playa desnuda excepto por la luz,
manos oscuras comienzan a jalar la red
del mar oscuro y profundo, tierra adentro, muy adentro.

5 - Shabine descubre la mitad del camino

Hombre, lo primero fue volar a la cocina a la mañana siguiente
a preparar un poco de café; la neblina se levantaba del mar
como el vapor de la cafetera al bajarla
lento, lento, porque no podía creer lo que veía:
en lo que fuera un horizonte de plata,
la niebla se retorcía y se hinchaba hasta convertirse en velas, tan cerca,
tan velas, que se me pusieron los pelos de punta,
era el horror, pero era bello.
Flotamos a través de un bosque susurrante de barcos
con velas secas como el papel, detrás del cristal
vi hombres con la cuenca de los ojos oxidada como cañones,
y siempre que sus tripulaciones medio desnudas pasaban frente al sol,
bajo la piel se transparentaban los huesos
como hojas que la luz atraviesa; fragatas, bergantines,
una desganada corriente los arrastraba,
y encumbrados en sus cubiertas vi famosos almirantes
Rodney, Nelson, de Grasse, oí las rudas órdenes
que ellos daban a los shabines, y aquella selva
de mástiles embistió a la goleta El Vuelo,
y no se oyó más que el rumor fantasmagórico
de las olas susurrando como la hierba con un viento débil,
y la maleza siseante que arrastraban desde la popa;
se alzaban y caían lentamente de este a oeste
como si este mundo redondo fuera una noria enloquecida,
cada navío escurriendo agua como un cubo de madera
rescatado de las profundidades; mi memoria le daba vueltas
a todos los marinos ante mí, entonces el sol
caldeó el cerco del horizonte y fueron niebla.

Luego pasamos los barcos negreros. Banderas de todas las naciones,
nuestros padres bajo las cubiertas, demasiado bajo, supongo,
para oirnos gritar. Entonces dejamos de gritar. ¿Sabe alguien
quién es su abuelo, mucho menos su nombre?
Mañana recalaremos en Barbados.

9 - María Concepción y el libro de los sueños

El jet que rugía sobre El Vuelo
abría una cortina que daba al pasado.
"¡La Dominica enfrente!"
"Allí todavía hay caribes."
"Un día sólo habrá aviones, no más barcos."
"Vince, Dios no hizo a los negros para volar por el aire."
"Progreso, Shabine, de eso se trata.
El progreso que deja atrás a todas nuestras islitas."
Yo estaba al timón y Vince, sentado junto a mí,
jugaba con el arpón. El día fresco y vivificante. El mar picado.
"Habría que preguntar a los caribes acerca del progreso.
Los mataron por millones, algunos en la guerra,
otros en el trabajo forzado de las minas
buscando plata; y después, los negros; más
progreso. Hasta que no vea signos definitivos
de que la humanidad cambia, Vince, no quiero oir más.
El progreso es el chiste vulgar de la historia.
Preguntale a esa verde y entristecida isla que se acerca."
Verdes islas, como mangos en salmuera.
Deja que mi herida se cure en sal tan cruel,
yo, en mi lozanía de marinero.

Aquella noche, de chispas celestes heladas por el fuego,
corrí como un caribe por toda Dominica,
mis fosas nasales ahogadas por el recuerdo del humo;
oí los gritos de mis niños que se quemaban,
devoré el seso de las setas, los hongos
de los parasoles del diablo bajo blancas y leprosas rocas;
desayuné con humus en los lluviosos bosques,
en hojas tan grandes como mapas, y cuando oí el ruido
del avance de los soldados por entre el denso follaje,
pese a que mi corazón se reventaba, me levanté y corrí
por entre las hojas de baliser más afiladas que lanzas;
con la sangre de mi raza corrí, muchacho, corrí
con la rapidez sigilosa de un pájaro pintado;
entonces me caí, sólo que caí al pie de un helado arroyo
bajo una refrescante cascada de helechos, y una lora gritona
se aferró a las secas ramas hasta que al fin me ahogué
en enormes olas de humo; luego, cuando aquel océano
de negro humo se disipó y el cielo se hizo blanco,
no hubo más que Progreso, si Progreso es
una iguana tan quieta como una hoja joven a la luz del sol.
Lloré desconsolado por María y su Libro de los sueños.

Esa Biblia de insomnes anclaba su sueño,
un librito anaranjado y sucio de la República Dominicana,
con un ojo de cíclope en el medio.
Sus ordinarias páginas ostentaban, en negro
y fogoso español, los habituales símbolos de la profecía;
una palma abierta y vertical, dividida y numerada
como un diagrama de carnicero, repartía el futuro.
Una noche, con fiebre, radiantemente enferma,
ella dice: "Tráeme el libro, el fin ha llegado."
Y dijo: "Soñé con ballenas y una tormenta",
sólo que para ese sueño el libro no tenía respuesta.
La noche siguiente soñé con tres viejas
de facciones desdibujadas como gusanos de seda que bordaban mi destino;
les grité que se fueran de mi casa,
traté de echarlas a escobazos,
pero tan pronto como salían volvían a colarse,
haste que empecé a gritar y a llorar, mi cuerpo
empapado en sudor, y ella desbarató el libro
buscando el significado del sueño, pero no había nada
mis nervios se deshicieron como una medusa -fue entonces
cuando me derrumbé-,
me encontraron cerca de Savannag gritando:

Todos ustedes me ven hablándole al viento y piensan que estoy loco.
Pues bien, Shabine ha embridado a los caballitos de mar;
me ven mirando al sol hasta quemar mis ojos,
y todos ustedes, dementes, piensan que Shabine está loco,
pero ignoran de lo que soy capaz, ¿me oyen? Los cocotales
firmes en sus uniformes kaki amarillo,
esperan que Shabine tome posesión de estas islas;
y más les vale que teman el día en que me cure
de ser humano, Su destino está en mis manos,
ministros, comerciantes, Shabine los tiene, amigos,
esparciré sus vidas como un puñado de arena,
¡yo, que no tengo más armas que la poesía,
las lanzas de las palmas y el brillante escudo de mar!

Estos fragmentos del extenso poema (11 partes) "The Schooner Flight"
(La goleta El Vuelo), fueron traducidos por Álvaro Rodríguez Torres,
para la edición del libro El Reino del Caimito, editorial Norma, Colombia.

Derek Walcott, fue premio Nobel de Literatura 1992,
nació en Castries, capital de Santa Lucía - una isla de las Antillas-,
un 23 de enero de 1930.
Obra: Selected Poems, The Gulf, Another Life, Sea Grapes,
Collected Poems 1948-1984, The Arkansas Testament,
The Fortunate Traveller, Midsummer y Omeros.

jueves, noviembre 30, 2006

Víctor Valera Mora (Venezuela)










Comienzo

La lucha de clases. Los grandes monopolios imperialistas.
Los malditos muñones de la generación del 28
que tanto daño nos han hecho.
El policía del parque, los enamorados están
en la posibilidad de iniciar el terrorismo.
El recuerdo desde la llanura, el caballo
llorando sangre recomenzada. Triste cuestión.
Este asunto de llevar una guitarra bajo el brazo.
La libertad de morirse de hambre doblemente.
Aquiles el escudero de la ternura
últimamente se ha dado muy duro en el alma.
Esto nos obliga a hablar
el más terrible de los lenguajes.
Hacer de la poesía un fusil airado, implacable
hasta la hermosura.
No hay otra alternativa,
la caída de un combatiente popular
es más dolorosa que el derrumbamiento
de todas las imágenes.
Cuando el pueblo tome el poder, veremos qué hacer,
mientras tanto sigamos en lo nuestro.


Nuestro oficio

Por este empecinamiento del corazón
en hacerse horizonte por completo:
nosotros, que hemos participado
en los grandes acontecimientos históricos,
que hemos ayudado en lo construido
aún con un poco de tristeza,
digamos, casi mucha.
Guardamos
toda nuestra radiante alegría
para lo que construiremos
cuando el pueblo llegue.

Podemos caer abatidos
por las balas más crueles
y siempre tenemos sucesor:
el niño que estremece las hambres consteladas
agitando feroz su primer verso.
O el otro, el de la disyuntiva,
que no sabe si hacerse flechero de nubes
o escudero del viento.

Jamás la canción tuvo punto final.
Siempre deja una brecha, una rendija,
algo así, como un hilito que sale,
donde el poema venidero pueda
ir halando, ir halando, ir halando,
halando hasta el mañana.

Nosotros los poetas del pueblo,
cantamos por mil años y más...


Amanecí de bala

Amanecí de bala
amanecí bien magníficamente bien todo arisco
hoy no cambio un segundo de mi vida por una bandera roja
mi vida toda la cambiaría por la cabellera de esa mujer
alta y rubia cuando vaya a la Falcultad de Farmacia se lo diré
seguro que se lo diré asunto mío amanecer así
esta mañana cuando abrí las puertas con la primera ráfaga
alborotando tumbando todo entraron a mis pulmones
los otros poetas de la Pandilla de Lautréamont
grandes señores tolerados a duras penas por sus mujeres
al más frenético le pregunto por su libro vagancia city
como me gusta complicar a mis amigos los vivo nombrando
el diablo no me llevará a mí solo
ella antiguamente se llamaba Frida y estaba residenciada en Baviera
en una casa de grandes rocas levantadas por su amante vikingo
sus locuras en el mar de los sargazos
hay sol hasta la madrugada y creo que jamás moriré
sin embargo deseo que este día me sobreviva
soy desmesurado o excesivo y no doy consejos a nadie
pero hoy veo más claro que nunca y quiero que los demás participen
hermoso día me enalteces desenfrenada alegría
no tengo comercio con la muerte no le temo
llevo en la sangre la vida de cada día soy de este mundo
bueno como un niño implacable como un niño
guardo una fidelidad de hierro a los sueños de mi infancia
en este punto soy socrático él y yo elevamos volantines
restituimos la edad de oro el "qué habrá" al final del arco suspendido
ahora mismo se está mudando un río
hoy una morena de belleza agresiva me dijo pero si estás lindo
entonces yo le dije acaso no sucede cada dos mil años pierdo el hilo
día de advenimiento de locos combates de amor a altas temperaturas
desnudos nos hundimos en las agua del mismo río

Hasta cuándo

Hasta cuándo seguir gritando a esa gente
que el rey y la reina yacen bajo tierra
Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo seguir gritando a esta gente que me son despreciables
Hasta cuando seguir gritando que estoy
con los que no tienen la razón porque la tienen a mares llenos
Hasta cuándo seguir gritando que jamás abandonaré mi capa de insurgente
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa
(1967)

Oficio puro

Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor
De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda en el baño dará vuelta
a la llave del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos montañas y llanuras noches domésticas


Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste alegre vertiginosa
Bello cuerpo de mujer
que no fue dócil ni amable ni sabio

(Amanecí de Bala, 1971)

Canción del soldado justo

A los montes me voy, me voy completo
y espero regresar de igual manera
Si me cortan las piernas y las manos
asiré el caminar con los anhelos
Si me arrancan los ojos y la lengua
nueva guitarra agitará banderas
Si me quitan la tierra donde piso,
yo vengo desde un río de asperezas
que antes me llevó y ahora me lleva
Si me tapan los oídos con que oigo
a mis hermanos pálidos y hambrientos,
hablaré seriamente con el aire
para que se abra paso hasta los sesos
Y si una bala loca se enamora
de mis sienes violentas,
yo seguiré pensando con los huesos
Me voy a despeñar sobre los crueles
que han hecho de la patria un agujero
y si no asiste el pecho a la camisa
y me matan de muerte sin lucero,
esperadme, os lo pido caminando,
que yo regresaré como los pueblos
cantando y más cantando y más cantando.


Para los que meten miedo
con el zamuro atómico

Para los que meten miedo con el zamuro atómico
recordándonos que las luchas de liberación
pueden provocar una espantosa catástrofe
yo les digo he aquí mis bienes terrenales
tres litros de aire de capacidad pulmonar
medio siglo de burocratismo soviético
y dos mil años de crímenes sucesivos
entonces no tengo mucho que perder
señores de la guerra por mi parte
pueden ir apretando los botones

Víctor -El Chino- Valera Mora
(Valera, 1935 - Caracas, 1984)

"Hace setenta años, este 20 de septiembre, vino al mundo Víctor Valera Mora (1935-1984), uno de los más singulares poetas venezolanos y uno de los más desenfadados que haya producido la lengua. Mejor conocido como El Chino Valera Mora, su obra, poco celebrada fuera de su país, es no obstante una de las referencias más reveladoras de los rumbos que tomó la poesía, escrita en español, durante los furiosos años sesentas, cuando en la península toda renovación poética parecía venir de la mano de la frivolidad y un aparente neoculteranismo, y en América sucumbieron tanto las fórmulas meramente agitacionales y de propaganda y aquellas que alienadas por los facilismos de la escritura automática, quisieron hacer pasar por liebre lo que apenas era gazapo. Valera Mora es el mejor exponente de ese período de esperanzas en la lucha contra las opresiones sociales y la búsqueda de nuevos sentidos para la vida, como quisieron los jóvenes que marcharon por las avenidas de las grandes ciudades aquel 1968, el año de la revolución". (...)
Harold Alvarado Tenorio

martes, noviembre 21, 2006

Jorge Carrera Andrade (Ecuador)








El Hombre del Ecuador bajo la Torre Eiffel

Te vuelves vegetal a la orilla del tiempo
Con tu copa de cielo redondo
y abierta por los túneles del tráfico,
eres la ceiba máxima del Globo.

Suben los ojos pintores
por tu escalera de tijera hasta el azul.

Alargas sobre una tropa de tejados
tu cuello de llama del Perú.

Arropada en los pliegues de los vientos,
con tu peineta de constelaciones,
te asomas al circo
de los horizontes.

Mástil de una aventura sobre el tiempo.
Orgullo de quinientos treinta codos.

Pértiga de la tienda que han alzado los hombres
en una esquina de la historia.
Con sus luces gaseosas
copia la vía láctea tu dibujo en la noche.

Primera letra de un Abecedario cósmico,
apuntada en la dirección del cielo;
esperanza parada en zancos;
glorificación del esqueleto.

Hierro para marcar el rebaño de nubes
o mudo centinela de la edad industrial.
La marea del cielo
mina en silencio tu pilar.

(De Boletines de mar y tierra)


Versión de la Tierra

Bienvenido, nuevo día:
Los colores, las formas
vuelven al taller de la retina.

He aquí el vasto mundo
con su envoltura de maravilla:
La virilidad del árbol.
La condescendencia de la brisa.
El mecanismo de la rosa.
La arquitectura de la espiga.

Su vello verde la tierra
sin cesar cría.

La savia, invisible constructora,
en andamios de aire edifica
y sube los peldaños de la luz
en volúmenes verdes convertida.

El río agrimensor hace
el inventario de la campiña.
Sus lomos oscuros lava en el cielo
la orografía.
He aquí el mundo de pilares vegetales
y de rutas líquidas,
de mecanismos y arquitecturas
que un soplo misterioso anima.
Luego, las formas y los colores amaestrados,
el aire y la luz viva
sumados en la Obra del hombre,
vertical en el día.

Historia contemporánea

Desde las seis está despierto el humo
que no cesa de señalar con su brazo la dirección del viento.
Los bancos conservan el sueño congelado de los vagabundos
y las vidrieras de los restaurantes aprisionan la calle
y la venden entre sus frutas, botellas y mariscos.
Un pájaro nuevo silba en las poleas
y en los andamios que cuelgan su columpio de los hombros de los edificios.
Los chicos suman panes y luceros en sus pizarras de luto
y los automóviles corren sin saber
que una piedra espera en una curva la señal del destino.

Ametralladora de palabras,
la máquina de escribir dispara contra el centinela invisible de la campanilla.
Los yunques fragmentan un sueño sonoro de herraduras
y las máquinas de coser aceleran su taquicardia de solteronas
entre el oleaje giratorio de las telas.

La tarde conduce un fardo de sol en un tranvía.

Obreros desocupados ven el cielo como una cesta de manzanas.
Regimientos de frío
dispersan los grupos de vagabundos y mendigos.

El vendedor de pescado, los voceadores de periódicos
y el hombre que muele el cielo en su organillo
se dan la mano a la hora de la cena
en las cloacas y bajo la axila de los puentes
donde juegan al jardín los desperdicios
y sacan la lengua las latas de conserva.
Sus sombras crecen más allá de los tejados puntiagudos
y van cubriendo la ciudad, los caminos y los campos próximos
hasta ahogar en su pecho el relieve del mundo.

(De El tiempo manual)


El objeto y su sombra

Arquitectura fiel del mundo.
Realidad, más cabal que el sueño.

La abstracción muere en un segundo:
sólo basta un fruncir del ceño.

Las cosas. O sea la vida.
Todo el universo es presencia.
La sombra al objeto adherida
¿acaso transforma su esencia?

Limpiad el mundo —ésta es la clave—
de fantasmas del pensamiento.
Que el ojo apareje su nave
para un nuevo descubrimiento.

(De Noticias del cielo)

Biografía para uso de los pájaros

Nací en el siglo de la defunción de la rosa
cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.
Quito veía andar la última diligencia
y a su paso corrían en buen orden los árboles,
las cercas y las casas de las nuevas parroquias,
en el umbral del campo
donde las lentas vacas rumiaban el silencio
y el viento espoleaba sus ligeros caballos.

Mi madre, revestida de poniente,
guardó su juventud en una honda guitarra
y sólo algunas tardes la mostraba a sus hijos
envuelta entre la música, la luz y las palabras.
Yo amaba la hidrografía de la lluvia,
las amarillas pulgas del manzano
y los sapos que hacían sonar dos o tres veces
su gordo cascabel de palo.

Sin cesar maniobraba la gran vela del aire.
Era la cordillera un litoral del cielo.
La tempestad venía, y al batir del tambor
cargaban sus mojados regimientos;
mas, luego el sol con sus patrullas de oro
restauraba la paz agraria y transparente.
Yo veía a los hombres abrazar !a cebada,
sumergirse en el cielo unos jinetes
y bajar a la costa olorosa de mangos
los vagones cargados de mugidores bueyes.

El valle estaba allá con sus haciendas
donde prendía el alba su reguero de gallos
y al oeste la tierra donde ondeaba la caña
de azúcar su pacífico banderín, y el cacao
guardaba en un estuche su fortuna secreta,
y ceñían, la pina su coraza de olor,
la banana desnuda su túnica de seda.

Todo ha pasado ya, en sucesivo oleaje,
como las vanas cifras de la espuma.
Los años van sin prisa enredando sus líquenes
y el recuerdo es apenas un nenúfar
que asoma entre dos aguas
su rostro de ahogado.
La guitarra es tan sólo ataúd de canciones
y se lamenta herido en la cabeza el gallo.
Han emigrado todos los ángeles terrestres,
hasta el ángel moreno del cacao.

(De Biografía para uso de los pájaros)


Jorge Carrera Andrade. Nació en Quito en el año 1903. Hizo estudios de Derecho. Desde el colegio descubrió su excepcional aptitud para la poesía. Con dos jóvenes compañeros, Gonzalo Escudero y Augusto Arias, formó el grupo literario "La Idea". Viajó a Europa, donde asistió a cursos libres en algunas universidades. Residió por algún tiempo en Francia, España, Inglaterra y Alemania.
Algunos de sus libros son: Estanque inefable, 1922; La guirnalda del silencio, 1926; Boletines de mar y de tierra, con prólogo de Gabriela Mistral, 1930; El tiempo manual, 1935; Biografía para uso de los pájaros,1937; Microgramas,1940; Mirador terrestre; Lugar de origen,1945; El visitante de la niebla y otros poemas,1947; Familia de la noche, 1953.
Ha publicado varias antologías personales, de las que son las más completas: Registro del mundo,1939; Edades poéticas,1958. De sus traducciones del francés se destacan: Antología poética de Pierre Reverdy, 1940; Cementerio marino y otros poemas de Paúl Valery, 1945; Poesía francesa contemporánea, 1951.
Los críticos coinciden en su descomunal potencia metafórica. Todos sus poemas son una ininterrumpida sucesión de metáforas e imágenes logradas certeramente por esa misteriosa alquimia de la sensibilidad que es consustancial a los grandes poetas. Sorprende la unidad en su poesía. Recibió el Premio Nacional de Cultura "Eugenio Espejo" en 1977. Jorge Carrera Andrade, falleció a los 75 años de edad, dejando una herencia lírica de gran profundidad humana y estética, contenida en cerca de 30 libros; murió en Quito el 7 de noviembre de 1978.

martes, noviembre 14, 2006

Paulina Vinderman (Argentina)




















De: El muelle (Alción Editora, 2003)

El muelle

Habrá un sueño para seguir, en un paisaje carbonizado.
...
Habrá pequeñas anotaciones en los bordes de las hojas
como si la vida interfiriera,
...
como si la memoria recortara en papel glacé
las indecisiones, la epopeya privada.

IV

Este verano se parece a un pueblo todavía humeante
después de un bombardeo.
Del otro lado del río, en la bruma, un bote
está listo para llevarme a la frontera.
Si la metáfora suena dramática, es para proteger
esta ausencia sin brillo, el riesgo de una soledad en sordina
y a repetición.
Las heroínas no huyen del calor
ni de los muñecos quemados entre los escombros.
Hay que llegar (del otro lado), y escribir.
Y escribir es despojarme página por página
de un nombre anotado demasiada vida.
Amo este balanceo en la nada,
los recuerdos como linternas en la noche
que atraen a los animales y los alejan de sus cuevas.
Mi cueva es este verano inmóvil, metafísico,
casi irreverente.
¿Hay alguien ahí?
No es fácil de entender tanta certeza, duele el mundo
y yo soy el mundo.
Un galpón atestado de maniquíes de vidrio
para verles, de lejos y cerca, los hilos de la repetición.



VII

Emerjo esta tarde de la ilusión como del fondo de un cuadro.
¿Porqué la oscuridad de las frases es pantana
y al mismo tiempo remedio?
Hemos perdido la única historia que contar.
"Moriré junto a la palmera enferma", dije una vez
(y casi cumplo.)
¡Ah! Abandonarlo todo por una palabra insistente.
(por un objeto insistente)

Paisajes con barcos, manteles de boda,
pasajeros arrojando los billetes usados y las flores
marchitas, en lugares que nunca volveremos a ver.

Ojos audaces, se parecen a las piedras que caen
en las aguas tranquilas de un pueblo cargado de sombras.

"Buenas noches, dulce príncipe", hemos perdido.
La herida de la felicidad cicatrizó, las ausencias brillan
como diamantes en el aire sucio
y las mañanas llenan de una violencia agotada
el lugar del fervor.

Hemos perdido,
y lo perdido tiene forma de viaje empecinado,
triste desde el comienzo, ambiguo hasta la agonía,
hasta el sueño.

Por favor noche, cuando llegues, termina mi sueño.

Nada llegaré a saber salvo la forma de ese sueño:
su centro marcado como un blanco en el cartón.


Fundaciones

Pasa por un pueblo apartado
y se mezcla sin querer en su fiesta principal.
Entre calabazas pintadas y papel serpentina
todos entonan la canción del fundador.
"Podría quedarme, porqué no, para siempre",
miente a conciencia
y cuelga sus ojos del trompetista de la banda.
(pero ¿durante cuánto tiempo puede mentir?)

"Éste es el mundo:
una raíz oscura, la canción de un lugar".
Y el mundo le devuelve un fragmento de canción
para vivir.
Un gesto de despedida como emblema.

El cielo parece hundirse en el camino
y tocar la intemperie con la suavidad de un pincel.

Detrás quedan los galpones de zinc,
las maderas del artesano frente al árbol de guayaba.
Las casa bajas junto al río.
La belleza urgente de una danza inacabada.



De: Bulgaria (Libros de Alejandría, 1998);

El mundo en jaque

Su gata murió de vieja este verano
y el gomero se dejó secar, poco después, obstinado
en el balcón.
¿A quién contar esta historia de locos,
esta encomienda que llega en un caballo con
arneses de plata —cierto rencor en las comisuras—
con quién contar?
El aire está enfermo pero todos respiran,
ella queda morada por el esfuerzo, insomne para
siempre,
buscando la estrella de lata
con la cual vestía su vida en Navidad
para cambiarla por el dibujo de un barco en el Pacífico
o una palabra que resplandezca en la oscuridad
(y no lleve comillas.)


Cajitas chinas o su oscuridad

Lo que yo quería era su oscuridad,
como si esa llave de artificio
me llevara a buen puerto
(en el ropero una muñeca rota
y sobre la mesa las tacitas con flores,
no se ve bien pero saldremos al sol a mediodía)

Su oscuridad como promesa y por amor saber,
pero esa oscuridad era sólo miseria,
ausencia de fondo verdadero
en una vida sofocada por el miedo.

Escuché a mi piel crujir
y a mis pies desnudos sobre la madera.
"Para qué quiero héroes", me dije, una y otra vez
mientras me iba, con la cabeza puesta en
el cráter de un volcán:
un fuego ya extinguido y para siempre culpable
de lo que no puede amparar.


Cónsul honoraria

Te escribo desde la nada,
pequeña oscura funcionaria que ni siquiera ve el río.
La cúpula rota se refleja en los charcos
cuando llueve
y es el único sitio en que brilla el destierro,
la única moneda que parece de oro.

A la hora del café todos hablan de nada,
se espera una tormenta (que pueda desprender el esmalte
del aire) o la notificación de otro destino.
Me siento como un cónsul en mi propia ciudad:
un poema reseco debajo del informe, la mitad
de una carta, una invitación para la fiesta en el muelle.

Esa mujer con los ojos muy pintados debo ser yo,
la que saluda bajo la luz naranja
de los faroles de papel e imagina a una goleta
amarrada a unos pasos
y a su escritorio flotando en alta mar.
El viento es débil
y la humedad de las plantas el punto de impresión.

Una ciudad, otra ciudad, se inclinan sobre mi vida
con su historia (y no lloran la mía)
Nombres tan fuertes como árboles,
tienen razones para llegar al cielo e intentar
resistir al huracán (que también gime un nombre)

La vieja furia por no saber donde piso está presente
(como un clásico)
Una niebla que se levanta del agua y oculta
el horizonte.
Veo mis pies, veo el repliegue,
la noche que termina sin haber empezado,
un cuaderno de notas en los hospitales del mundo.
Una locura de cristal, acuartelada.


De: Escalera de incendio (ed. Último Reino, 1994)

Testimonio entre ríos

El dolor de los olvidos es una mirada, digo
y estiro mi mano hacia un barco. El olor
de los muelles es un lugar.
A veces llaman, mientras mi corazón está
ocupado en la turbidez de un río de frontera:
el modo en que se concentra
sobre la vendedora de la terminal de ómnibus
y le ahueca los ojos.
Me abro paso entre vasos de papel, voceros
de naranjas.
A todas horas escucho el trajín
de las calles que no son las avenidas
de la historia.
Desaparezco —y me olvidan—
usando un cielo incoloro por sombrilla.

El viento trae las noticias:
tarjetas empolvadas de invitación
que llegan irremediablemente tarde, informes
sobre lo que sucede en esta ciudad
que nunca mira las barcazas junto al río.
Mi vida es dada a la vida
(los rasgos de la cara disueltos en la lluvia
como los de un poblado tropical)
Me vacío
ante la resistencia del aire, con el
mismo gesto con que muchas mujeres se desnudan
ante una ventana imaginaria.

Y es casi un disparo en la noche
la forma que elige la seca penetración
de lo real:
un crimen sin testigos ni amarras, en la
opacidad de los días.


Escalera de incendio

Me asomo a la ventana como todas las tardes
para escribirte.
Este cielo es tan pálido que da miedo mirarlo
(y de los jacarandáes con el abuelo basta.)
Sé que estoy viva, es decir
camino calles y veo el trabajo del azar
en la arboleda.
Nada resplandece en los papeles que rondo,
el muchacho de la batería toca de seis a siete
mientras su madre visita amigas
con alguna receta para dejar de amar.
En todo caso la soledad es la que resplandece
y a veces la sequía,
quiero ver al infinito revolotear
en esa torpe batería:
una señal, una traición de una señal, la ficción
de una señal.
Nada es seguro, ya ni siquiera me desvelo
por una palabra para hacerte feliz.


De: Rojo junio. Ediciones Literatura Americana Reunida - LAR - (1988)

Prácticas de la percepción

Me gustan los árboles con capacidad
de otoño.
Que preparan sus hojas al marrón
y se renuncian.

Me gustan los seres que pueden
unirse en el invierno.
Ramas elásticas que retroceden
hacia el blanco.

Pero desconfía de la palabra apresurada.
Las violencias de las tormentas
no siempre insinúan la real rebelión
aunque amenacen las nubes desde dentro.
Y que ese hombre se pasee con camisa
amarilla
no significa que lleve el sol
en su corazón.


De: La mirada de los héroes. Botella al mar, 1982

La mirada de los héroes

Qué mirarán los héroes
cuando miran.
Escurrirán sus ojos a través de desiertos
y el polvo cubrirá
la ciudad que dejaron.
Ellos sabrán que el mar
pertenece a los otros.
Que jamás volverán a llorar
por el pájaro vencido.
Ellos verán el ojo cercano en el fusil
y caerán inmersos en una gota de sudor
en la mejilla del otro.
Estarán ausentes del Terror
sólo un segundo.
Pero abrazarán catedrales, serán héroes
por la sola imposibilidad
de dejar de ser ese hombre que se es.
Que sólo puede mirar a través de su destino
mientras soporta, entera,
la presión del Universo.


De: Los espejos y los puentes. Ediciones buenos aires sur, 1978

XVIII

Y de todas formas
sabemos que no hay alternativa.
Hay que perseguir esa sombra hasta el final.
Hasta que gane alguna de las dos.
En este cuarto donde deambulan las imágenes
y donde todo está prohibido
menos la terrible certeza
de que habremos de preocuparnos
por el desayuno a la mañana.
Mientras tanto los buitres devoran
lo que me falta saber para aferrarme a la soga
y decir que sirve para algo
esta caminata circular hacia el vacío.
Y si la pared es blanca,
yo pinto con los monstruos del alba
las huellas grises de una ciudad en miniatura
boqueando el hollín y el amor
a horcajadas de un poema.
Pero nadie me ayuda en el después.
Y a veces quisiera no dormir
para no despertarme.
Y a veces quisiera volver a nacer
en el alma inconclusa de una oruga.
Y a veces quisiera trepar
un árbol de silencio completado,
y a veces quisiera.


Paulina Vinderman. Nació en 1944 en Buenos Aires, ciudad donde reside.
Estudió Química e Historia del Arte en la Universidad de Buenos Aires.
Publicó los siguientes libros de poesía:
Los espejos y los puentes (ed. Buenos Aires Sur, 1978)
La otra ciudad (ed. Botella al Mar, 1980)
La mirada de los héroes (ed. Botella al Mar, 1982)
La balada de Cordelia (Fundación Argentina para la poesía, 1984)
Rojo junio (Literatura Americana Reunida, 1988)
Escalera de incendio (ed. Último Reino, 1994)
Bulgaria (Libros de Alejandría, 1998)
El muelle (Alción Editora, 2003)
Cónsul Honoraria - Summa poética (ed. Vincinguerra, 2003)
Transparencias (Antología) (ed. Arquitrave, Bogotá, 2005)

viernes, noviembre 03, 2006

José Lezama Lima (Cuba)












MUERTE DE NARCISO

Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.

Vertical desde el mármol no miraba
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua alfilereada?

Rostro absoluto, firmeza mentida del espejo.
El espejo se olvida del sonido y de la noche
y su puerta al cambiante pontífice entreabre.
Máscara y río, grifo de los sueños.

Frío muerto y cabellera desterrada del aire
que la crea, del aire que le miente son
de vida arrastrada a la nube y a la abierta
boca negada en sangre que se mueve.

Ascendiendo en el pecho solo blanda,
olvidada por un aliento que olvida y desentraña.
Olvidado papel, fresco agujero al corazón
saltante se apresura y la sonrisa al caracol.
La mano que por el aire líneas impulsaba,
seca, sonrisas caminando por la nieve.
Ahora llevaba el oído al caracol, el caracol
enterrando firme oído en la seda del estanque.

Granizados toronjiles y ríos de velamen congelados,
aguardan la señal de una mustia hoja de oro,
alzada en espiral, sobre el otoño de aguas tan hirvientes.
Dócil rubí queda suspirando en su fuga ya ascendiendo.
Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas
islas y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas.
El río en la suma de sus ojos anunciaba
lo que pesa la luna en sus espaldas y el aliento que en halo convertía.

Antorchas como peces, flaco garzón trabaja noche y cielo,
arco y cestillo y sierpes encendidos, carámbano y lebrel.
Pluma morada, no mojada, pez mirándome, sepulcro.
Ecuestres faisanes ya no advierten mano sin eco, pulso desdoblado:
los dedos en inmóvil calendario y el hastío en su trono cejijunto.

Lenta se forma ola en la marmórea cavidad que mira
por espaldas que nunca me preguntan, en veneno
que nunca se pervierte y en su escudo ni potros ni faisanes.

Como se derrama la ausencia en la flecha que se aísla
y como la fresa respira hilando su cristal,
así el otoño en que su labio muere, así el granizo
en blando espejo destroza la mirada que le ciñe,
que le miente la pluma por los labios, laberinto y halago
le recorre junto a la fuente que humedece el sueño.
La ausencia, el espejo ya en el cabello que en la playa
extiende y al aislado cabello pregunta y se divierte.

Fronda leve vierte la ascensión que asume.
¿No es la curva corintia traición de confitados mira­beles,
que el espejo reúne o navega, ciego desterrado?
¿Ya se siente temblar el pájaro en mano terrenal?
Ya sólo cae el pájaro, la mano que la cárcel mueve,
los dioses hundidos entre la piedra, el carbunclo y la doncella.
Si la ausencia pregunta con la nieve desmayada,
forma en la pluma, no círculos que la pulpa abandona sumergida.

Triste recorre —curva ceñida en ceniciento airón—
el espacio que manos desalojan, timbre ausente
y avivado azafrán, tiernos redobles sus extremos.
Convocados se agitan los durmientes, fruncen las olas
batiendo en torno de ajedrez dormido, su insepulta tiara.
Su insepulta madera blanda el frío pico del hirviente cisne.

Reluce muelle: falsos diamantes; pluma cambiante: terso atlas.
Verdes chillidos: juegan las olas, blanda muerte el re­lámpago en sus venas.

Ahogadas cintas mudo el labio las ofrece.
Orientales cestillos cuelan agua de luna.
Los más dormidos son los que más se apresuran,
se entierran, pluma en el grito, silbo enmascarado, entre frentes y garfios.
Estirado mármol como un río que recurva o aprisiona
los labios destrozados, pero los ciegos no oscilan.
Espirales de heroicos tenores caen en el pecho de una paloma
y allí se agitan hasta relucir como flechas en su abrigo de noche.

Una flecha destaca, una espalda se ausenta.
Relámpago es violeta si alfiler en la nieve y terco rostro.
Tierra húmeda ascendiendo hasta el rostro, flecha ce­rrada.
Polvos de luna y húmeda tierra, el perfil desgajado en la nube que es espejo.
Frescas las valvas de la noche y limite airado de las conchas
en su cárcel sin sed se destacan los brazos,
no preguntan corales en estrías de abejas y en secretos
confusos despiertan recordando curvos brazos y en­gaste de la frente.

Desde ayer las preguntas se divierten o se cierran
al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acam­pan
los tesoros que la rabia esparce, adula o reconviene.

Los donceles trabajan en las nueces y el surtidor de frente a su sonido
en la llama fabrica sus raíces y su mansión de gritos soterrados.
Si se aleja, recta abeja, el espejo destroza el río mudo.
Si se hunde, media sirena al fuego, las hilachas que surcan el invierno
tejen blanco cuerpo en preguntas de estatua polvorienta.

Cuerpo del sonido el enjambre que mudos pinos claman,
despertando el oleaje en lisas llamaradas y vuelos so­segados,
guiados por la paloma que sin ojos chilla,
que sin clavel la frente espejo es de ondas, no recuerdos.
Van reuniendo en ojos, hilando en el clavel no siempre ardido
el abismo de nieve alquitarada o gimiendo en el cielo apuntalado.
Los corceles si nieve o si cobre guiados por miradas la súplica
destilan o más firmes recurvan a la mudez primera ya sin cielo.

La nieve que en los sistros no penetra, arguye
en hojas, recta destroza vidrio en el oído,
nidos blancos, en su centro ya encienden tibios los corales,
huidos los donceles en sus ciervos de hastío, en sus bos­ques rosados.
Convierten si coral y doncel rizo las voces, nieve los caminos,
donde el cuerpo sonoro se mece con los pinos, delgado cabecea..

Mas esforzado pino, ya columna de humo tan aguado
que canario es su aguja y surtidor en viento desrizado.

Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado
son peces, son llamas, son flautas, son dedos mordis­queados.
Narciso, Narciso. Los cabellos guiando florentinos rep­tan perfiles,
labios sus rutas, llamas tristes las olas mordiendo sus caderas.
Pez del frío verde el aire en el espejo sin estrías, ra­cimo de palomas
ocultas en la garganta muerta: hija de la flecha y de los cisnes.
Garza divaga, concha en la ola, nube en el desgaire,
espuma colgaba de los ojos, gota marmórea y dulce plinto no ofreciendo.

Chillidos frutados en la nieve, el secreto en geranio convertido.
La blancura seda es ascendiendo en labio derramada,
abre un olvido en las islas, espada y pestañas vienen
a entregar el sueño, a rendir espejo en litoral de tierra y roca impura.
Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,
esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden
al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada,
busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del so­nido.

Si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.
Si se sienta en su borde o en su frente el centurión pulsa en su costado.
Si declama penetran en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.
Ola de aire envuelve secreto albino, piel arponeada,
que coloreado espejo sombra es del recuerdo y minuto del silencio.
Ya traspasa blancura recto sinfín en llamas secas y hojas lloviznadas.
Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.
Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.


José Lezama Lima, poeta, novelista y ensayista cubano. Nació en La Habana en 1910, muriendo en la misma ciudad en 1975. “La abundancia le da el mataforismo de filiación gongorina y la alegría de sus propias sorpresas naturales o librescas...”. En 1944 junto a José Rodríguez Feo funda la revista “Orígenes” cuyo sesgo programático, será la apertura, como quien trata de saciar la sed sabiendo que se encuentra ante aguas estancadas.
Algunas de sus obras son:
— Algunos tratados en La Habana.
— Confluencias, selección de ensayos.
— Oppiamo Licario –novela
— Paradiso –novela
— Poesía completa – La Habana, Instituto del Libro

jueves, octubre 26, 2006

Macedonio Fernández (Argentina)





















POEMA DE POESÍA DEL PENSAR

A Jorge Luis Borges, con devolu­ción de la Luna, este deterioro de astro­nomía o Astronomía de Enfrente. (*)

(*) El primer texto de Astronomía de Balcón, adición americana al vistoso juego de tópicos que subdividen la sublime Clasificación de las Cien­cias, se le envidia a Borges desde el título: Luna de Enfrente. Para estar agrádeciblemente donde aplauden arrímasele la presente aportación; péguesele glo­ria al escudero. Por lo que la Astronomía de Balcón, que es una sola, queda ya con dos textos. Ya está así anunciada una Astronomía Poca que alguna vez saldrá impresa y hasta extensa. Se habrá de reconocer entonces que de Astronomía Poca se sabe algo en nuestro país; contaremos con alguno aquí que vea más allá de su nariz, que astronomice.


intento de esta poemática

La máxima esperanza de Poesía es que el mundo (la Contingen­cia) sólo exista por consentimiento de la Conciencia en su naturaleza de amor, que como tal vive de lo idéntico y por ello aquiesce a ese modo de lo idéntico que es la regularidad, la uniformidad.
Lo que se ha llamado la "metafísica" de Poe es la metafísica que no pudo esperarse de un poeta, la de las moléculas; la me­tafísica del poeta es la naturaleza de la conciencia en su aptitud de recepción activa del acontecer o contingencia.
La poesía es cada acto de esa aceptación. ¿Por qué será que le place a la Conciencia ese consentimiento?
Mi intento presente es una poemática del pensar especulativo. Por ejemplo: nos preguntamos no qué inteligibilidad explica sino qué poesía justifica estos hechos:
—La Muerte, o sea la multiplicación de los mortales en lugar de la continuidad o persistencia de un Inmortal; lo ocioso, aparente de rehusar la inmortalidad y sustituirla por la multi­plicidad de muertes y nacimientos.
—La involuntariedad de la Voluntad; existimos por casualidad como sobrevivientes y sin embargo, somos la Voluntad; la Voluntad de Vivir existe por casualidad; ¿por qué la Vo­luntad de vivir ha creado la subsistencia de la especie, con fragilidad de los individuos por la inexorabilidad del mundo mecánico?
—Por qué hay Imágenes, por qué hay Memoria, por qué hay el Ensueño; ¿necesito, cuando sueño que estoy asustado, la imagen del asesino?; estoy asustado durmiendo, nada más; para qué el mundo, si no por eso voy a dejar de sentir odio, ternura, deseos.
—La invención del Pasado, que nos hace aparecer sobrevivientes, ridiculizados por una inmensidad de Nada anterior a nues­tro ser, como una espumita en una inmensa ola. ¿Por qué existió Grecia, que es una imagen, y no existen el trueno y la lluvia que tan netamente me represento y que sucede­rán el año que viene?
—La Crítica de lo Dado, que niega, rehusa admitir lo Dado, o sea el Mundo imponiéndose al espíritu.
—Por qué ligamos causalmente un campo de principio hedónico con un campo de principio longevístico: la psique y el cuer­po. La psique con esto pierde toda gracia de su ser que es el variar y acontecer sin causa.
Mi poemática del Pensar intentará la transcripción de lo que pasa en la conciencia en los momentos en que acepta emocionalmente un modo doloroso del darse real; pero la poesía está en cada uno de estos actos de consentimiento. Artista es el que transmite de algún modo esos momentos concien­cíales, describe, historia un momento de aceptación de la contingencia no antes querida por el alma.
Es pueril llamar "explicación" al aferramiento del hecho ante­rior a un hecho; "explicación" es hallar la justificación es­tética —es decir conforme con las apetencias del alma, de la conciencia— de cada uno de las aquiescencias del universo por el alma, bajo la hipótesis de la voluntariedad integral, de la Recepción Activa que antes de Max Scheler advirtió William James.
Todo el pensar construcciones o estructuras (materiales) para correlacionarlas y ponerlas una a una como contrafiguras de los hechos de conciencia (el mundo external como correlato de secuencias de lo sentido, de las series psicológicas), es un pensar impráctico, una invención libre, que no podría jus­tificarse sino como uno de los modos estéticos, no como un modo de conocimiento pasivo.
Esta persecución de componer, descubrir estructuras de lo mate­rial correlativas a los fenómenos morales parecería, así, casi una especie de necesidad estética de la conciencia, puesto que no es práctica, no es requerida para la acción intraconciencial; parecería un momento de aceptación de la contin­gencia o mundo por la conciencia o alma, como dije. Y esta aceptación constituye lo que yo llamaría poesía del pensar, ya que no se trata del pensar utilitario. El ejemplo funda­mental lo da la totalidad del cosmos, que es en grande lo que en el ensueño es la imaginería: ambas son pretextaciones que se da a sí la conciencia, porque si soñando siento miedo o viva alegría ¿para qué invento la imaginería de una agresión o incendio o de una fiesta? ¿Por qué no me con­tento con sentir miedo o alegría sin motivación conocida, sin imaginería? Los tigres que causan miedos y los miedos que causan tigres —Realidad, Ensueño— son dos parejos mo­dos de la Pretextación. ¿Y ésta para qué? No lo sé. Lipps quizá lo explica.
Lo mismo puede ser que hayamos inventado así al cosmos: como el total paisaje de las pretextaciones de la conciencia para su sentir.

Metafísica-estética de este poema a la Luna

Lo que estamos buscando es adivinar cómo nuestra conciencia dio aceptación a lo mecánico, cuándo, por qué ocurrió en esta conciencia que poseemos, que somos (y sin embargo sólo conocemos por Labor (*), no por mero ser nosotros ella); y sabiendo que la Luna era poema, era del alma, la dejó entrar a aparente sujeción, a deslizarse, a ascensos y descensos en un pentagrama de leyes.
¿Por qué aceptó la Conciencia que la Luna apareciera y desapareciera por su inserción fija en series fenomenales mecánicas? La conciencia pudo negarse, no sentirla ni verla, como a todo lo que no quiere que ocurra mecánicamente.
Después de cada una de esas aceptaciones, la conciencia se complace en una uniformidad, en una regularidad que confirma su identidad. Porque una de las apetencias de la conciencia es la identidad de lo que le es grato, la Luna; por ello concede la regularidad del fenomenismo lunar para que así la Luna sea siempre la Luna, porque sólo lo idéntico es amado, lo que pierde su identidad instante por instante nunca es amado; amor repugna a lo no idéntico.


(*) La de ordenación de los fenómenos psíquicos: los percibimos por tra­bajo de esfuerzo mental, no por el sentir cada uno de los elementos de la sucesión o del juego de simultaneidades; no nos vale llamar Objeto Inme­diato a la Psique si faltando el trabajo de atención indirecta lo ignoramos lo mismo que a los mediatos, desconocemos qué ha ocurrido en la psique, pro­lijamente, en sus detalles.