jueves, octubre 26, 2006

Macedonio Fernández (Argentina)





















POEMA DE POESÍA DEL PENSAR

A Jorge Luis Borges, con devolu­ción de la Luna, este deterioro de astro­nomía o Astronomía de Enfrente. (*)

(*) El primer texto de Astronomía de Balcón, adición americana al vistoso juego de tópicos que subdividen la sublime Clasificación de las Cien­cias, se le envidia a Borges desde el título: Luna de Enfrente. Para estar agrádeciblemente donde aplauden arrímasele la presente aportación; péguesele glo­ria al escudero. Por lo que la Astronomía de Balcón, que es una sola, queda ya con dos textos. Ya está así anunciada una Astronomía Poca que alguna vez saldrá impresa y hasta extensa. Se habrá de reconocer entonces que de Astronomía Poca se sabe algo en nuestro país; contaremos con alguno aquí que vea más allá de su nariz, que astronomice.


intento de esta poemática

La máxima esperanza de Poesía es que el mundo (la Contingen­cia) sólo exista por consentimiento de la Conciencia en su naturaleza de amor, que como tal vive de lo idéntico y por ello aquiesce a ese modo de lo idéntico que es la regularidad, la uniformidad.
Lo que se ha llamado la "metafísica" de Poe es la metafísica que no pudo esperarse de un poeta, la de las moléculas; la me­tafísica del poeta es la naturaleza de la conciencia en su aptitud de recepción activa del acontecer o contingencia.
La poesía es cada acto de esa aceptación. ¿Por qué será que le place a la Conciencia ese consentimiento?
Mi intento presente es una poemática del pensar especulativo. Por ejemplo: nos preguntamos no qué inteligibilidad explica sino qué poesía justifica estos hechos:
—La Muerte, o sea la multiplicación de los mortales en lugar de la continuidad o persistencia de un Inmortal; lo ocioso, aparente de rehusar la inmortalidad y sustituirla por la multi­plicidad de muertes y nacimientos.
—La involuntariedad de la Voluntad; existimos por casualidad como sobrevivientes y sin embargo, somos la Voluntad; la Voluntad de Vivir existe por casualidad; ¿por qué la Vo­luntad de vivir ha creado la subsistencia de la especie, con fragilidad de los individuos por la inexorabilidad del mundo mecánico?
—Por qué hay Imágenes, por qué hay Memoria, por qué hay el Ensueño; ¿necesito, cuando sueño que estoy asustado, la imagen del asesino?; estoy asustado durmiendo, nada más; para qué el mundo, si no por eso voy a dejar de sentir odio, ternura, deseos.
—La invención del Pasado, que nos hace aparecer sobrevivientes, ridiculizados por una inmensidad de Nada anterior a nues­tro ser, como una espumita en una inmensa ola. ¿Por qué existió Grecia, que es una imagen, y no existen el trueno y la lluvia que tan netamente me represento y que sucede­rán el año que viene?
—La Crítica de lo Dado, que niega, rehusa admitir lo Dado, o sea el Mundo imponiéndose al espíritu.
—Por qué ligamos causalmente un campo de principio hedónico con un campo de principio longevístico: la psique y el cuer­po. La psique con esto pierde toda gracia de su ser que es el variar y acontecer sin causa.
Mi poemática del Pensar intentará la transcripción de lo que pasa en la conciencia en los momentos en que acepta emocionalmente un modo doloroso del darse real; pero la poesía está en cada uno de estos actos de consentimiento. Artista es el que transmite de algún modo esos momentos concien­cíales, describe, historia un momento de aceptación de la contingencia no antes querida por el alma.
Es pueril llamar "explicación" al aferramiento del hecho ante­rior a un hecho; "explicación" es hallar la justificación es­tética —es decir conforme con las apetencias del alma, de la conciencia— de cada uno de las aquiescencias del universo por el alma, bajo la hipótesis de la voluntariedad integral, de la Recepción Activa que antes de Max Scheler advirtió William James.
Todo el pensar construcciones o estructuras (materiales) para correlacionarlas y ponerlas una a una como contrafiguras de los hechos de conciencia (el mundo external como correlato de secuencias de lo sentido, de las series psicológicas), es un pensar impráctico, una invención libre, que no podría jus­tificarse sino como uno de los modos estéticos, no como un modo de conocimiento pasivo.
Esta persecución de componer, descubrir estructuras de lo mate­rial correlativas a los fenómenos morales parecería, así, casi una especie de necesidad estética de la conciencia, puesto que no es práctica, no es requerida para la acción intraconciencial; parecería un momento de aceptación de la contin­gencia o mundo por la conciencia o alma, como dije. Y esta aceptación constituye lo que yo llamaría poesía del pensar, ya que no se trata del pensar utilitario. El ejemplo funda­mental lo da la totalidad del cosmos, que es en grande lo que en el ensueño es la imaginería: ambas son pretextaciones que se da a sí la conciencia, porque si soñando siento miedo o viva alegría ¿para qué invento la imaginería de una agresión o incendio o de una fiesta? ¿Por qué no me con­tento con sentir miedo o alegría sin motivación conocida, sin imaginería? Los tigres que causan miedos y los miedos que causan tigres —Realidad, Ensueño— son dos parejos mo­dos de la Pretextación. ¿Y ésta para qué? No lo sé. Lipps quizá lo explica.
Lo mismo puede ser que hayamos inventado así al cosmos: como el total paisaje de las pretextaciones de la conciencia para su sentir.

Metafísica-estética de este poema a la Luna

Lo que estamos buscando es adivinar cómo nuestra conciencia dio aceptación a lo mecánico, cuándo, por qué ocurrió en esta conciencia que poseemos, que somos (y sin embargo sólo conocemos por Labor (*), no por mero ser nosotros ella); y sabiendo que la Luna era poema, era del alma, la dejó entrar a aparente sujeción, a deslizarse, a ascensos y descensos en un pentagrama de leyes.
¿Por qué aceptó la Conciencia que la Luna apareciera y desapareciera por su inserción fija en series fenomenales mecánicas? La conciencia pudo negarse, no sentirla ni verla, como a todo lo que no quiere que ocurra mecánicamente.
Después de cada una de esas aceptaciones, la conciencia se complace en una uniformidad, en una regularidad que confirma su identidad. Porque una de las apetencias de la conciencia es la identidad de lo que le es grato, la Luna; por ello concede la regularidad del fenomenismo lunar para que así la Luna sea siempre la Luna, porque sólo lo idéntico es amado, lo que pierde su identidad instante por instante nunca es amado; amor repugna a lo no idéntico.


(*) La de ordenación de los fenómenos psíquicos: los percibimos por tra­bajo de esfuerzo mental, no por el sentir cada uno de los elementos de la sucesión o del juego de simultaneidades; no nos vale llamar Objeto Inme­diato a la Psique si faltando el trabajo de atención indirecta lo ignoramos lo mismo que a los mediatos, desconocemos qué ha ocurrido en la psique, pro­lijamente, en sus detalles.

viernes, octubre 20, 2006

Carlos Drummond de Andrade (Brasil)











Carlos Drummond de Andrade

Poema de siete faces

Cuando nací, un ángel tuerto
de esos que viven en la sombra
dijo: Ve Carlos, a ser gauche en la vida.

Las casas espían a los hombres
que corren tras las mujeres.
La tarde tal vez fuese azul,
si no hubiera tantos deseos.

El tranvía pasa lleno de piernas:
piernas blancas negras amarillas.
Para qué tantas piernas, Dios mío, pregunta mi corazón.
Sin embargo mis ojos
no preguntan nada.

El hombre detrás del bigote
es serio, simple y fuerte.
Casi no conversa.
Tiene pocos, escasos amigos
el hombre detrás de los anteojos y del bigote.

Dios mío, por qué me abandonaste
si sabías que yo no era Dios
si sabías que yo era débil.

Mundo mundo vasto mundo,
si yo me llamase Raimundo
sería una rima, no sería una solución.
Mundo mundo vasto mundo
más vasto es mi corazón.

No te lo debía decir
pero esa luna
pero ese coñac
lo dejan a uno conmovido como el diablo.


En medio del camino

En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino
había una piedra
en medio del camino había una piedra.

Nunca me olvidaré de ese acontecimiento
en la vida de mis retinas tan fatigadas.
Nunca me olvidaré que en medio del camino
había una piedra
había una piedra en medio del camino
en medio del camino había una piedra.


El sobreviviente

Imposible componer un poema a esta altura de la evolución de la humanidad.
Imposible escribir un poema -ni siquiera una línea- de verdadera poesía.
El último trovador murió en 1914.
Tenía un nombre que nadie recuerda más.
Hay máquinas terriblemente complicadas para las necesidades más simples.
Si quieres fumar un cigarro aprieta un botón.
Los sacos se abotonan por electricidad.
El amor se hace por radio.
No es necesario el estómago para la digestión.

Un sabio declaró a "El Diario" que aún
falta mucho para que alcancemos un nivel
razonable de cultura. Pero hasta entonces,
felizmente, estaré muerto.

Los hombres no mejoraron
y se matan como piojos.
Los piojos heroicos renacen.
Inhabitable, el mundo está cada vez más habitado.
Y si los ojos reaprendieren a llorar sería un segundo diluvio.

(Me parece que escribí un poema).


Convite triste

Amigo mío, vamos a sufrir
vamos a beber, vamos a leer el diario,
vamos a decir que la vida es pésima,
amigo mío, vamos a sufrir.

Vamos a hacer un poema
o cualquier otra tontería.
Por ejemplo mirar una estrella
por mucho tiempo, mucho tiempo
y dar un hondo suspiro
o cualquier otra tontería.
Vamos a beber Whisky, vamos
a beber cerveza negra y barata
beber y gritar y morir,
o ¿quién sabe? tan sólo beber.

Vamos a insultar a la mujer
que está envenenando la vida
con sus ojos y sus manos
y el cuerpo que tiene dos senos
y también tiene un ombligo.
Amigo mío, vamos a insultar
el cuerpo y todo lo que es suyo
y que nunca será alma.

Amigo mío, vamos a cantar,
vamos a llorar despacito
y a escuchar mucha victrola,
después embriagados vamos
a beber otros secuestros
(la mirada obscena y la mano idiota)
después a vomitar y a caer
y dormir.


Procura de la poesía

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella la vida es un solo estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan enemigo de la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en lo oscuro
son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que se prevalecen del equívoco y tientan el largo viaje.
Lo que piensas o sientes, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas.
No es la música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nad significan.
La poesía (no extraigas poesía de las cosas)
elide sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia,
desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
Que se disipó, no era poesía.
Que se partió, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas, antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.

Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas en el suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concretada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil faces secretas sobre la neutra faz
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Trajiste la llave?

Repara:
yermas de melodía y de concepto,
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Aún húmedas e impregnadas de sueño
rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.

Todos los poemas son traducción de Manuel Graña Etcheverry. Revisada y aprobada por el autor. Editorial Losada. Buenos Aires, 1967.

Carlos Drummond de Andrade. Nació en Itabira (Estado de Minas de Gerais) en 1901. Considerado uno de los más importantes y originales poetas brasileños y latinoamericanos. Poeta de voz presente de América. Muere en el año 1987.

jueves, octubre 19, 2006

Xavier Villaurrutia (México)

Poesía

Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen en silencio
y del tanque del sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.

Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.

Tu voz, hoz de eco,
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos
por mí largos segundos.

Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.

Nocturno en que nada se oye

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
proque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

Nocturno amor

a Manuel Rodríguez Lozano

El que nada se oye en esta alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se hieren
en tu respiración sigo la angustia del crimen
y caes en la red que tiende el sueño
Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más duros que el silencio
y antes que compartirlo mataría el goce
de entregarte en el sueño con los ojos cerrados
sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que el sueño
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus sienes con mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
que la sombra corroe con su lepra incurable
Ya sé cuál es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura página de nieve
No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha
sino la cólera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la noche
y todas las palabras en la prisión de la boca
y una sed que en el agua del espejo
sacia su sed con una sed idéntica
De qué noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
y es tan grande mi frío que con un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra es más dura
y más clara y más luz que la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
no ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.

Xavier Villaurrutia. Nació en México, el 27 de marzo de 1903 y murió en la misma ciudad el 25 de diciembre de 1950. Dirigió, con Salvador Novo, la revista Ulises (1927-1928) y formó parte del grupo de la revista Contemporáneos (1928-1931). Como poeta evolucionó de una percepción simple de la poesía a concepciones en que la alucinación, el sentido de la noche, el tema de la muerte, habrían de ser temas de su poesía. La representación plástica de las emociones proporcionan uno de los aspectos definidos de su sensibilidad, particularmente en sus "nocturnos".

jueves, octubre 12, 2006

León de Greiff (Colombia)

León de Greiff

A los 13 panidas

Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa
dicen que soy poeta..., cuando no porque iluso
suelo rimar -en verso de contorno difuso-
mi viaje byroniano por las vegas del Zipa...,

tal un ventripotente agrómena de jipa
a quien por un capricho de su caletre obtuso
se le antoja, fingirse paraísos...! ¡al uso
de alucinado Poe que el alcohol destripa!,

de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine,
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin... ¡hasta del Padre Víctor Hugo omniforme...!

¡Y tánta tierra inútil por escasez de músculos!
¡tánta industria novísima! ¡tánto almacén enorme...!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos...
(1916)

Balada de los Búhos estáticos
A mis hermanos los búhos
como una santa palabra,
como un confuso diseño,
esta balada macabra.
ENVÍO

I
La luna estaba lela
y los búhos decían la trova paralela!
La luna estaba lela,
lela,
en el lelo jardín del aquelarre.

Y los búhos decían su trova,
y arre, arre,
decían a su escoba
las brujas del aquelarre...

En el jardín los árboles eran rectos, retóricos,
las avenidas rectas, los estanques retóricos...
retóricos,
y en fila los búhos, rectos, retóricos, retóricos...

Y allí nada se vía irregular:
los bancales de forma regular
-cuadrados, cuadrados-
las regulares platabandas,
los árboles endomingados
geométricamente, conos dados...
todo perfecto, exacto, regular.

Y eran las sombras semejantes,
y los perfumes semejantes,
y los aromas semejantes,
y, en medio de todo, los búhos
decían idénticos dúos
semejantes,
los idénticos búhos!

Oh jardín de mis sueños neuróticos
donde ensueñan cerebros caóticos
ensoñares macabros, exóticos!

Y los búhos tejían la trova paralela,
y la luna estaba lela,
y en la avenida paralela
las brujas del aquelarre
torvas decían: ¡arre! ¡arre!
escoba, ¡escoba del aquelarre!

II
La luna estaba lela
y los búhos decían la trova paralela.
-El padre de los búhos era un búho sofista
que interrogó a los otros al modo modernista:
los búhos contestaron, contestaron la lista...-

Y eran seis bellos búhos plantados en la rala
copa de un chopo calvo. Y el pintor agita el ala
y al instante se inicia la trova paralela,
trova unánime y sorda, extraña cantinela
que coloquian los búhos ordenados en fila.

El búho más lejano su voz de flauta hila...
El que sigue canta como un piano de cola,
un otro es la trompeta, y entre la batahola
se acentúa el violín y todo el coro ulula
la macabra canción que el conjunto regula.

La luna sigue lela,
lela,
y sigue la trova paralela...

III
Ya se ha ido la luna.
Ya los búhos cesaron la trova inoportuna:
el jardín ha nacido con el alba radiosa;
el estanque palpita -nada, nada reposa.
Los niños triscan, triscan por el jardín florido,
y las aves ensayan su arrullo desde el nido!

Los estáticos búhos huyeron de la extraña
lumbre del sol que todo lo falsifica y daña.
Los estáticos búhos huyeron, y en su hueco,
-oculto entre las ramas del chopo calvo y seco-
aguardan el exilio del sol que adula y finge,
que ilusiona y que irisa, y aguardan que la esfinge
-la muda y desolada y la fría-, la luna,
se venga con la noche, se venga lela, lela,
para decir de nuevo la trova paralela!

A mis hermanos los búhos
como una santa palabra,
como un confuso diseño,
esta balada macabra.
ENVÍO
Año de 1914, Medellín, Colombia.


Balada de la fórmula definitiva y paradojal

A Tisaza y Jovica;
locos también

I
Necias disquisiciones de fastidiosa ética:
mi cabeza, la ilusa, anda muy mal de juicio...
(¡peor la flaca bolsa, de irónica aritmética...!)
Le pregunté a la Esfinge que tengo a mi servicio:
-oh, ¿cuál será la fórmula de virtud o de vicio,
que rija mis futuros?- y los abstrusos senos
musitaron unánimes, en tono profético:
todo no vale nada, si el resto vale menos...!

II
Eblís llévese entonces la ilusión que acaricio,
me dije, seducido por frase tan sintética;
acudí, sin embargo, a otro dios más propicio:
al Buda que reniega la física kinética...
Pendía de sus labios de palidez ascética
y preso oí del verbo los indecibles trenos,
la turbia paradoja de recia apologética:
todo no vale nada si el resto vale menos!

III
Pero no satisfecho de esa sentencia herética
(tan absurda a las fibras de mi amante edificio),
fui tras otras palabras de más suave fonética,
que curasen mi trágico padecer adventicio.
Ninguna, nó, ninguna, dio con el artificio
de ese bálsamo amable de perfumes amenos!
Todas fueron acordes cantando el epinicio:
todo no vale nada, si el resto vale menos!

ENVÍO
¿A cuál? ¿A quién?: ¡al cínico señor del Maleficio,
al misterioso búho de alma peripatética!
Singlaremos entonces con rumbo al precipicio,
con rumbo al precipicio y a la nada hipotética,
pero iremos impávidos, ecuánimes, serenos,
diciendo la parábola desdeñosa y estética:
todo no vale nada, si el resto vale menos!
(1918)

León de Greiff. Nació en Medellín el 22 de julio de 1895. En 1914 viaja a Bogotá y luego en 1915, funda en Medellín la Revista Panida. Miembro de la Comisión encargada de repatriar las cenizas del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob. En 1964, el rey de Suecia le confiere la condecoración de la Estrella del Norte, en el grado de Caballero. En 1968 asiste al Congreso de la Cultura celebrado en La Habana (Cuba) y es jurado en el premio de Poesía del concurso Casa de las Américas. La Universidad del Valle le confiere el título académico de doctor Honoris Causa en Letras, en 1975. Muere en la madrugada del domingo 11 de junio, en Bogotá, en 1976.

"En una redada de policía que hubo en Bogotá en años pasados, cayó, entre otras muchas personas, León de Greiff, quien se hallaba departiendo con otros literatos y poetas alrededor de una de las mesillas del célebre "Café Automático". Conducidos en carros radiopatrullas a la Inspección de la calle cuarenta, allí fueron todos requisados, aligerados de los papeles que llevaban en los bolsillos, y provisionalmente mandados a los calabozos, mientras en las oficinas se examinaban con detenimiento aquellos papeles, en averiguación de posibles planes subversivos. Una vez terminada la minuciosa inspección, casi todos los detenidos fueron puestos en libertad. Pero León se quedó adentro, como sujeto a todas luces peligroso. El investigador había leído y releído los papeles del poeta, y como no entendiera una palabra, había exclamado con un lampo de triunfo en los ojos: "¡Esta es una clave secreta! ¡Aquí está la clave de los revolucionarios!".
Se trataba, desde luego, de algunos de los poemas manuscritos de León de Greiff; y no le faltaba completamente razón a aquel celoso servidor de la causa del orden. León de Greiff es, en el ámbito de la poesía... el inventor y guardián de la clave de una revolución..." Juan Lozano y Lozano.

jueves, septiembre 28, 2006

Alejandro Schmidt (Argentina)

Casa en la arena - La vida milagrosa -
Llegado así

De: "Casa en la arena"
ediciones Recovecos, Córdoba (Argentina), agosto de 2006

De la humana palabra

Para siempre. Oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos
Salmos 119.89

A veces se criaban las palabras
como apretados ramos
de aquello que
temprano
fue sentido

atada transparencia
el gozo
conocer

subir a un reino

antes del hueso
obra el alma
serena y ofrecida
a un dios
de lo mejor

pero
¿quién habita el palacio?
¿qué libro amó
su página secreta?

así la penitencia
puso al ser y a sus deseos
entre furtivos de vigilia

arrogante mueca del enigma
para el hombre, el tiempo
en la verdad, los himnos

y el árbol de la vida
ya sombra de vocablos
y todo así
hasta el silencio mismo


sólo de esta palabra

huye el ángel.


El que anda de día, no tropieza, porque
ve la luz de este mundo

Otra vez Jesús les habló diciendo: yo soy la luz del mundo;
el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la
luz de la vida
Juan 8:12

La luz donde reza Katherina Emmerich
y esa luz donde reza Edith Stein
y esa claridad donde el gallo rompe tres veces
y la agria luz de Sobibor y Jajdaneck

todos los muertos volverán
los ojos astillados de penumbra
puedo
buscar la presencia del Señor
cerrar
las tumbas del Deseo y al fin en libertad o más
en servidumbres
¿quién nacerá después en otra oscuridad?

sólo esto amé
humildad
ocapamiento
y una palabra necesaria

salmos
ríos de agua viva
¿desde cuándo
sobre
qué estepa de la sinrazón?
esa luz que llega a mis zapatos como un trompo de
nieve
da el camino.

De: "La vida milagrosa"
ediciones Recovecos, Córdoba (Argentina), agosto de 2005

El predestinado

Con los dedos de punta
me tocó la poesía
me sacudió con repugnancia
y algo de curiosidad.

No digo que llegó a pesarme, medirme
a contarme los ojos
tampoco me abandonó en la calle
con un lápiz rojo y un baúl

¿qué se creerá?
tanta soberbia, todo el día de aquí para allá
con la boca tapada
si después de todo
no la invita nadie
ni llega a ningún lado

me alzó sobre el pozo del mundo
esa señora
y me soltó.


¿Y adónde fue?

Y ese animal que criabas
¿qué fue de él?

lo tenías en el ropero
enjoyado
listo, decías,
para morder

le dabas corazón por alimento
exigía sus coronas
bajo estrellas de cal subía al mundo

¿y adónde fue
y qué compró tu miedo ahora?

tu miedo de perder el empleo
tu miedo de perder la silueta, los zapatos
tu miedo de tu miedo

venden jaguares
gorilas
el perro de San Roque

la calle está repleta de billetes
y ¿cómo enfrentarás estos años
sin tu animal
que volaba y volaba
adentro de la ropa?

De: "Llegado así"
ediciones Recovecos, Córdoba (Argentina), agosto de 2005

Viento de aquí

El oro es seco
el pasto

los amores, los sueños
arden infatigables

presencia de la vaca y la balanza

sople también los hombres de este tiempo
niños de la mirada más blanca de la patria

las junturas de fierro
que parten la ciudad sople.

Traigan la tarde sobre el agua
y sobre ella un pájaro
y arriba
la delicadeza

y alcancen el río los plumerillos, hasta el corazón
de mi cuerpo
y hasta el corazón
del corazón

así podré beber la tierra secreta
de mi casa
en el viento.

Alejandro Schmidt nació en Villa María, Córdoba (Argentina), en 1955. Tiene publicados varios libros y plaquetas. Sus últimos libros de poesía son: Esquina del universo (2001); Oscuras ramas (2003); La vida milagrosa (2005); Llegado así (2005); Casa en la arena (2006).

jueves, septiembre 21, 2006

Jorge Gaitán Durán (Colombia)

Jorge Gaytán Durán

Si mañana despierto

De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera
Llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo
Que el sufrimiento concede para que digamos la palabra.
He ganado un día; he tenido el tiempo
En mi boca como un vino.
Suelo buscarme
En la ciudad que pasa como un barco de locos por la noche.
Sólo encuentro un rostro: hombre viejo y sin dientes
A quien la dinastía, el poder, la riqueza, el genio,
Todo le han dado al cabo, salvo la muerte.
Es un enemigo más temible que Dios,
El sueño que puedo ser si mañana despierto
Y sé que vivo.
Mas de súbito el alba
Me cae entre las manos como una naranja roja.


Quiero

Quiero vivir los nombres
que el incendio del mundo ha dado
al cuerpo que los mortales, se disputan:
Roca, joya del ser, memoria, fasto.
Quiero tocar las palabras
con que en vano intenté hurtarte
al duelo de cada día,
estela donde habitaban los dioses,
hoy lisa, espacio para el gesto imposible
que en el mármol fije el alma que nos falta.
No quiero morir sin antes
haberte impuesto como una ciudad entre los hombres,
quiero que seas ante la muerte
el único poema que se escriba en la tierra.


Valle de Cucuta

Toco con mis labios el frutero del día,
pongo con las manos un halcón en el cielo.
Con los ojos levanto un incendio en el cerro.
La querencia del sol me devuelve la vida
La verdad es el valle. El azul es azul.
El árbol colorado es la tierra caliente.
Ninguna cosa tiene simulacro ni duda.

Aquí aprendí a vivir con el vuelo y el río.


Fuente en Cucuta

El rumor de la fuente bajo el cielo
habla con la infancia.
Alrededor
todo convida a la tórrida calma
de la casa: el mismo patio blanco
entre los árboles, la misma siesta
con la oculta cigarra de los días.

Nubes que no veía desde entonces
como la muerte pasan por el agua.

_________________
Jorge Gaytán Duran. Nació en Pamplona, norte de Santander, Colombia, el 12 de febrero de 1925. Realizó los estudios de Derecho en la Universidad Javeriana, regenteada por los jesuitas, y participó, al lado de Jorge Zalamea, en la toma de la Radiodifusora Nacional de Colombia, durante los sucesos del Bogotazo, el 9 de abril de 1948. Vivió en París desde 1950 a 1954, asistiendo a los cursos de filosofía de Merleau-Ponty. A su regreso a Colombia funda la revista MITO y se vincula a varias universidades, como profesor de Humanidades. Traductor y editor, militante político. En todos los campos mantuvo una actitud beligerante e informada. En contra del infinito provincianismo de la vida intelectual colombiana, y de su mediocridad, "más letal que todas las tiranías", Gaytán Durán se esforzó por crear una atmósfera propicia a la reflexión. El 21 de junio de 1962, en un accidente de aviación ocurrido en Pointa-Pitre muere, seis meses después de haber publicado su mejor libro de poesía: Si mañana despierto.
La Obra literaria de Jorge Gaytán Durán fue editada por el Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, en su serie Biblioteca Básica Colombiana. Nº 6, 450 páginas, recopilada y prologada por Pedro Gómez Valderrama, 1975.

sábado, agosto 12, 2006

PERÚ: tres poetas, tres impulsos...

César Moro / Antonio Cisneros /
Mario Torres Molina
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César Moro

Renombre del amor

El amor dedica al amor
Los días sin lluvia
Y como corresponde los días bellos
Para el amor y sus preferencias
Al prestigio del más antiguo amor
A la lluvia de la palabra amor
Al único amor sin pesar sin dicha sin retorno
Al porvenir de los dementes
A los enterradores a los alegres compañeros de prisión
Al punzante al quemante recuerdo del tatuaje
A mi querida muerte
A quienes dudan todavía
A los tesoros de los ciegos
A las lágrimas
Al agua al viento al fuego al amor
A la esperanza de quien rompe su amor
Al tormento del fuego y del hielo
A los primeros hechos que señalarán la rebelión y la sangre
A las sábanas de los crímenes pasionales
A las hermosas sábanas de los suicidas
A la culata inesperadamente suave del revólver
A las partidas que soplan hasta el aire
A las desgarradoras mañanas de aquel a quien el amor rechaza
Al plomo de las balas
para quienes sigan indemnes mueran como perros envenenados
Al sufrir de los que despiertan
A las noches vacías
A mi vida perdida
A la pérdida sin pena sin retorno sin dicha de la vida
Para quienes aman y se encogen en su goce
Se alzan y lanzan las primeras maldiciones
Al huracán
A las mañanas más tristes que todo
Para mejor borrar mi nombre
Para sacudir el polvo y tornar en polvo
Para maldecir los instantes que se dicen felices
Para el reloj despertador cargado de pólvora
A las desnudas estatuas de la noche
Al mármol perdido
Por tener un lecho de mármol
Por carecer de tumba
A las señales de fuego del puñal
A los solos los únicos recuerdos sexuales
A la boca de piedra del amor
Al frío nocturno del agua
Para no comenzar de nuevo
Al más tierno amor

(Traducción del francés: Álvaro Mutis)
Fuente: Revista Amaru. Lima, marzo, 1969. Nº 9


Encuentro con César Moro
Después de cierta edad, muy escasa es la lectura que nos maravilla. Las coordenadas y abcisas de nuestras personales preferencias y necesidades van midiendo y ordenando nuestros encuentros con los libros y sus autores, cada uno de los cuales va cayendo en un casillero en donde le espera, seguramente, no poca compañía. Sin embargo, a veces, sucede el milagro. Tal fue para mí el encuentro con César Moro. Un "claro azar" y la generosa providencia de un amigo me pusieron el año pasado en contacto con las obras de Moro, sus tres tomos de poemas y su colección de ensayos. Aún persiste en mí el temblor interno de una inagotable maravilla.
La poesía de Moro, escrita en buena parte en lengua francesa, permanece ya definitivamente como uno de los verdaderos y perdurables aportes del surrealismo a la lírica de nuestro tiempo. Con ciertos poemas de Desnos, con la obra de Péret y algunos libros de Breton, los poemas de Moro permanecen para probar la indudable eficacia de una aventura no siempre todo lo limpia y definitiva que los citados poetas hubieran querido. No siendo su idioma propio, el francés de Moro tiene una densa riqueza sugerente a tiempo que una inquietante precisión que lo hace prácticamente intraducible.
La prosa de Moro es, sin duda, junto con la de Octavio Paz, el más lúcido instrumento de examen y crítica de que yo tenga noticia en nuestra América presente. Hay en ella una inflexibilidad, una severidad entusiasta y una ausencia total del menor compromiso que no sea con el rigor de una conciencia siempre a flor de piel, cosas muy raras, casi inencontrables en nuestro continente del alegre compadrazgo y del ferviente entusiasmo invertebrado. Sus páginas sobre Proust, sobre Bonnard, sobre su patria peruana tan conocida y sufrida por él, son un ejemplo inagotable cuya frecuentación debería ser obligatoria para todo escritor novel y, sobre todo, para todo crítico espontáneo y fugaz de los que tanto padecemos en nuestras tierras "de siete colores".
Como un homenaje a Moro y, de paso, al amigo que me hiciera posible su lectura, he intentando una versión, harto aproximada por cierto, de un poema suyo casi desconocido, que apareció en el número X de la revista Le Surréalisme au Service de la Revolution que publicaba Breton allá por los primeros años treinta y que tuvo muy efímera duración. Este poema es una muestra hermosísima de una poesía que, por su rigor y sus vastos dominios de sombra luminosa y transparente delirio, no tiene igual ni antecedente en la lírica de nuestra América.
Quiero insistir en el carácter puramente provisional y aproximativo de esta versión, de cuya ineficacia soy el primero en darme cuenta. Otros días vendrán, espero, cuando con mayor calma, intentemos tal vez con mejor suerte dar en español una versión más justa de esta poesía admirable.
Álvaro Mutis (1969).
Fuente: Revista Amaru. Lima, marzo, 1969. Nº 9

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Antonio Cisneros


Taberna

En las tinieblas los cuerpos envejecen
sin que nadie repare en el escándalo.

Un rostro amable y terso se confunde
con los belfos que van hacia la muerte.

Por eso somos hijos de la noche
a la puerta del templo. Un lamparín

es también el anuncio de reposo
para los cazadores extenuados.

Una taberna, por ejemplo, es en la noche
el frontispicio de las maravillas.

O al menos una luz en las colinas
donde rondan los perros salvajes.

Nadie teme a la muerte adormecido
en su mesa de palo y sin embargo

entre los altos vasos apacibles
se enfría el corazón con la insolencia

(y el encanto tal vez) de un tigre adulto
en la plaza del pueblo a pleno día.

Ninguna confidencia en verdad nos degüella.
Ni la risa recuerda a un jabalí

de pelambre dorada y fino precio.
El páncreas es un campo de ciruelas.

Los diablos apagan la linterna.
Aguardan (como suelen) donde cesa la luz.



Dos postales

1. Postales para Lima

Las caravanas ya volvieron de Egipto
y dan noticia
del borracho que busca un alka-seltzer
en las aguas revueltas,
del borracho
más solo que una higuera
en un campo de golf.



Anexo a "cuando el diablo me rondaba
anunciando tus rigores"

Hoy viernes, día de pescado en todas las mesas
honradas, me topé con un diablo en el jardín,
desnudo y arrugado (el mismo de la página 39 - verso
sexto - de Comentarios reales).
Mas ya no es su pelambre más larga que la mía ni su
olor más notable.
Y hablamos de este tiempo y los negocios del Reino del
Perú, sin una disonancia, coincidiendo
como una araña parada en un espejo.
No hay ni vuelta que darle, después de siete plagas y un
diluvio ciertas cosas tenían que cambiar.


Antonio Cisneros. Nace en Lima, Perú, en 1942. Poeta, periodista y traductor. Estudió Letras en la Universidad de San Marcos y la Universidad Católica. Dirigió la revista peruana El Caballo Rojo. Premio Nacional de Poesía 1965 y Premio Casa de las Américas de Poesía 1968.
Obra poética:
Destierro (Lima, 1961); David (Lima, 1962); Comentarios reales (Lima, 1964); Canto ceremonial contra un oso hormiguero (La Habana, 1968); Agua que no has de beber (Barcelona, 1971); Como higuera en un campo de golf (Lima, 1972); El libro de Dios y de los húngaros (Lima, 1978); Crónica del niño Jesús de Chilca (México, 1982); Monólogo de la casta Susana y otros poemas (Lima, 1986); Las inmensas preguntas celestes (Madrid, 1992).

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Mario Torres Molina


*

sé que esta noche no volverá
que me iré lejos
lleno de otros que soy

sé que jugaré con las nubes
tirado en la hierba, ya sin fe
pensaré, en si alguna vez abrí la puerta

sé que no terminé de decir, (pero
hay tantos otros que escriben tan bello
que me pregunto por mí y mis pobres versos)

sé de todas estas cosas
y casi, puedo renunciar a ellas.


**

nos llegó la hora de salir
de este cielo, de este libro

ir tras algún pasado

para tí que ya vives
detrás de tus rincones
y te ahogas en tu propia cabeza

girando en el mundo

a un lugar donde casi
no puedes tocarlo

ven, a ser una hoja que pinte el suelo
no ibamos a ser una historia?
pero, ahh! ves, ya pasó y así nos fuimos

son ese tipo de cosas las que persisten
de alguna manera se las acompañan
en la ventana de los días

mientras baja la niebla
en algún punto de estos / 120 grados de latitud sur


Mario Torres Molina. Nace en Cusco, Perú, en 1979. Estudió la primaria y la secundaria en el colegio San Juan Bautista de la Salle - Cusco. De 1997 al 2003 estudió La carrera de Analista de Computacion en la Universidad Nacional de la Plata. Después de unos meses en Lima volvió en el año 2006 a la Argentina, residiendo actualmente en la ciudad de Buenos Aires. Es poeta inédito.

lunes, julio 31, 2006

"Morada al Sur" / Aurelio Arturo (Colombia)










Morada al Sur

I
En las noches mestizas que subían de la hierba,
jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,
estremecían la tierra con su casco de bronce.
Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

Después, de entre grandes hojas, salía lento el mundo.
La ancha tierra siempre cubierta con pieles de soles.
(Reyes habían ardido, reinas blancas, blandas,
sepultadas dentro de árboles gemían aún en la espesura).

Miraba el paisaje, sus ojos verdes, cándidos.
Una vaca sola, llena de grandes manchas,
revolcada en la noche de luna, cuando la luna sesga,
es como el pájaro toche en la rama, "llamita", "manzana de miel"

El agua límpida, de vastos cielos, doméstica se arrulla.
Pero ya en la represa, salta la bella fuerza,
con majestad de vacada que rebasa los pastales.
Y un ala verde, tímida, levanta toda la llanura.

El viento viene, viene vestido de follajes,
y se detiene y duda ante las puertas grandes,
abiertas a las salas, a los patios, las trojes.

Y se duerme en el viejo portal donde el silencio
es un maduro gajo de fragantes nostalgias.

Al medio día la luz fluye de esa naranja,
en el centro del patio que barrieron los criados.
(El más viejo de ellos en el suelo sentado,
su sueño, mosca zumbante sobre su frente lenta).

No todo era rudeza, un áureo hilo de ensueño
se enredaba a la pulpa de mis encantamientos.
Y si al norte el viejo bosque tiene un tic-tac profundo,
al sur el curvo viento trae franjas de aroma.

(Yo miro las montañas. Sobre los largos muslos
de la nodriza, el sueño me alarga los cabellos).

II

Y aquí principia, en este torso de árbol,
en este umbral pulido por tantos pasos muertos,
la casa grande entre sus frescos ramos.
En sus rincones ángeles de sombra y de secreto.

En esas cámaras yo vi la faz de la luz pura.
Pero cuando las sombras las poblaban de musgos,
allí, mimosa y cauta, ponía entre mis manos,
sus lunas más hermosas la noche de las fábulas.

* * *

Entre años, entre árboles, circuída
por un vuelo de pájaros, guirnalda cuidadosa,
casa grande, blanco muro, piedra y ricas maderas,
a la orilla de este verde tumbo, de este oleaje poderoso.

En el umbral de roble demoraba,
hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
el alto grupo de hombres entre sombras oblicuas,
demoraba entre el humo lento alumbrado de remembranzas:

Oh voces manchadas del tenaz paisaje, llenas
del ruido de tan hermosos caballos que galopan bajo asombrosas ramas.
Yo subí a las montañas, también hechas de sueños,
yo ascendí, yo subí a las montañas donde un grito
persiste entre las alas de palomas salvajes.

* * *

Te hablo de días circuídos por los más finos árboles:
te hablo de las vastas noches alumbradas
por una estrella de menta que enciende toda sangre:

te hablo de la sangre que canta como una gota solitaria
que cae eternamente en la sombra, encendida:

Te hablo de un bosque extasiado que existe
sólo para el oído, y que en el fondo de las noches pulsa
violas, arpas, laúdes y lluvias sempiternas.

Te hablo también: entre maderas, entre resinas,
entre millares de hojas inquietas, de una sola hoja:
pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia,
hoja sola en que vibran los vientos que corrieron
por los bellos países donde el verde es de todos los colores,
los vientos que cantaron por los países de Colombia.

Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a cielos,
que tiemblan temerosos entre alas azules:

te hablo de una voz que me es brisa constante,
en mi canción moviendo toda palabra mía,
como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente,
toda hoja, noche y día, suavemente en el sur.

III

En el umbral de roble demoraba,
hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
un viento ya sin fuerza, un viento remansado
que repetía una yerba antigua, hasta el cansancio.

Y yo volvía, volvía por los largos recintos
que tardara quince años en recorrer, volvía.

Y hacia la mitad de mi canto me detuve temblando,
temblando temeroso, con un pie en una cámara
hechizada, y el otro a la orilla del valle
donde hierve la noche estrellada, la noche
que arde vorazmente en una llama tácita.

Y a la mitad del camino de mi canto temblando
me detuve, y no tiembla entre sus alas rotas,
con tanta angustia, una ave que agoniza, cual pudo,
mi corazón luchando entre cielos atroces.

IV

Duerme ahora en la cámara de la lanza rota en las batallas.
Manos de cera vuelan sobre tu frente donde murmuran
las abejas doradas de la fiebre, duerme.
El río sube por los arbustos, por las lianas, se acerca,
y su voz es tan vasta y su voz es tan llena.
Y le dices, repites: ¿Eres mi padre? Llenas el mundo
de tu aliento saludable, llenas la atmósfera.
-- Soy el profundo río de los mantos suntuosos.

Duerme quince años fulgentes, la noche ya ha cosido
suavemente tus párpados, como dos hojas más, a su follaje negro.

* * *

No eran jardines, no eran atmósferas delirantes. Tú te acuerdas
de esa tierra protegida por una ala perpetua de palomas.
Tantas, tantas mujeres bellas, fuertes, no, no eran
brisas visibles, no eran aromas palpables, la luz que venía
con tan cambiantes trajes, entre linos, entre rosas ardientes.
¿Era tu dulce tierra cantando, tu carne milagrosa, tu sangre?

* * *

Todos los cedros callan, todos los robles callan.
Y junto al árbol rojo donde el cielo se posa,
hay un caballo negro con soles en las ancas,
y en cuyo ojo líquido habita una centella.
Hay un caballo, el mío, y oigo una voz que dice:
"Es el potro más bello en tierras de tu padre".

* * *

En el umbral gastado persiste un viento fiel,
repitiendo una sílaba que brilla por instantes.
Una hoja fina aún lleva su delgada frescura
de un extremo a otro extremo del año.
"Torna, torna a esta tierra donde es dulce la vida".

V

He escrito un viento, un soplo vivo
del viento entre fragancias, entre hierbas
mágicas; he narrado
el viento; sólo un poco de viento.

Noche, sombra hasta el fin, entre las secas
ramas, entre follajes, nidos rotos --entre años--
rebrillaban las lunas de cáscara de huevo,
las grandes lunas llenas de silencio y de espanto.


Aurelio Arturo, nace en la Unión, departamento de Nariño, al Sur de Colombia, el 22 de febrero de 1906. En 1925 se traslada a Bogotá, donde residirá el resto de su vida. Estudió Derecho en la Universidad Externado de Colombia, profesión que ejerció hasta el final de sus días. En 1931 publica sus primeros poemas en la Crónica literaria del periódico El País, dirigida por Rafael Maya. Aparecen en 1945, trece poemas suyos, en uno de los cuadernos de la colección Cántico. De ellos nueve harán parte de Morada al sur. Asiduo participante a tertulias literarias en diferentes cafés bogotanos. En 1961 aparece publicado el poema Nodriza en la revista Eco, y luego en 1963 un grupo de sus Canciones. Obtiene ese mismo año el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia. El Ministerio de Educación Nacional edita por primera vez Morada al sur. 1971 es publicado el poema Sequía en la revista Espiral. En 1973 la revista Golpe de dados publica Palabras, Lluvia y Tambores. En 1974 Aurelio Arturo muere en Bogotá. Desde 1931, en un lapso de cuarenta y tres años, ha publicado en total treinta poemas, de los cuales sólo la mitad hacen parte de Morada al sur.